miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Por qué Así habló Zaratustra es un poema enamorado?

 Lou Andreas Salomé

Iván Rodrigo García Palacios


¿Por qué Así habló Zaratustra
es un poema enamorado?

Friedrich Nietzsche escribió Así habló Zaratustra como un poema épico-filosófico, pero también es un poema enamorado, porque Empédocles, enamorado de Cósima Wagner (1), se trasforma, por "el furor" (2) del enamoramiento (3), en Zaratustra enamorado de Lou Andreas Salomé.
Es un poema enamorado, porque fue una ofrenda de su enamoramiento por Lou Andreas Salomé, escrito para conquistar su corazón y su mente y porque es a ella, a la única, a la que quiere ofrendarle, además de su ferviente amor, una nueva Ética, una que le remplace a ella, en su vida y en sus pensamientos, la admiración que sentía por la obra de Spinoza, así como para recordarle los momentos y los asuntos de los que tanto hablaron y compartieron durante las noches y los días felices "del idilio de Tautemburg" (4), ese idilio que él, ilusionado, deseaba reinstaurar.
Días y noches felices que Lou recuerda así en su Mirada retrospectiva:
"En una de mis cartas a Paul Rée desde Tautenburg la del 18 de agosto, ya puede leerse: “Muy al comienzo de mi relación con Nietzsche le escribí a Maldiwa que éste era una naturaleza religiosa, despertando con ello la más fuerte resistencia de su parte. Hoy quisiera subrayar doblemente esta expresión” “Veremos el día en que se presente como heraldo de una nueva religión, y será entonces una religión que reclute héroes como discípulos. Cuán igual pensamos y sentimos al respeto, y cómo nos quitábamos cabalmente las palabras y los pensamientos de la boca. Literalmente nos matamos hablando estas tres semanas, y lo notable es que, de pronto, él soporta ahora charlar cerca de diez horas al día.” “Es extraño que con nuestras conversaciones vayamos a dar involuntariamente a los abismos, a aquellos lugares de vértigo a los que alguna vez uno ha llegado trepando solo, para asomarse a las profundidades. Constantemente hemos escogido los senderos de las gamuzas, y si alguien nos hubiese escuchado habría creído que eran dos diablos conversando".
Esta es una hipótesis descabellada que puede y debe ser demostrada a partir de las propias palabras, obras y biografías de los protagonistas y de los testimonios de aquellos cercanos a los eventos de esa época.
Para fundamentar este escrutinio, me acojo a lo que el mismo Nietzsche escribiera a Lou en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882:
"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (5).
Y que luego vuelve a reafirmar en Más allá del bien y el mal:
"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía es una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas" (Más allá del bien y el mal, Sección primera. De los prejuicios de los filósofos).
Ateniéndome a estas palabras y porque muchas de las obras de los hombres son motivadas más por el ardor en la sangre que por el frío intelecto, es necesario entonces interpretar, como materias constitutivas, los eventos biográficos, los estados existenciales, los escritos y los testimonios que se presentaron y afectaron la vida de Nietzsche y que convergen y se conectan con la escritura de Así habló Zaratustra.
Algunas interpretaciones sobre tales asuntos ya las he realizado en otros de mis textos y a ellos remito al lector (6).
Ahora me concentraré en tratar de mostrar y demostrar los asuntos que inciden y determinan el que Nietzsche escribiera, además de un extenso poema épico-filosófico, un evidente poema enamorado. Un poema único y excepcional en el contexto de sus obras y extrañamente conectado con los dos enamoramientos que marcaron y determinaron su existencia, pensamiento, ideas y escritura.
Para empezar y como ya lo he propuesto en mis hipótesis descabelladas sobre el enamoramiento, uno de los poderes y efectos del estado de enamoramiento, es el de lograr que el enamorado como Ave Fénix se consuma en el "furor" de su fuego y renazca o resucite de sus cenizas como uno nuevo, pero el mismo hombre.
Eso podría explicar el por qué Nietzsche, enamorado de Lou, se renueva y renace y que es por ello que retorna a los recuerdos felices de aquellos tiempos y de aquellas obras que le significaron su transición de filólogo a filósofo: El nacimiento de la tragedia, La filosofía en la época trágica de los griegos y el fragmento de su drama Empédocles. Aquellos tiempos y escrituras de la época de su enamoramiento por Cósima Wagner, para, en ellos y en ellas, volver a encontrar la materia de un poema, uno nuevo que al fin generara el poema/drama que deseó escribir para Cósima, pero que esta vez será el poema para Lou: ya no Empédocles, si no Zaratustra.
Tanto el poema nunca escrito como Así habló Zaratustra, germinan y extienden sus raíces, tronco y ramas, desde aquellas antigüedades, las de antes de Grecia, las del nacimiento de la filosofía occidental y las del nacimiento de la filosofía alemana. La primera, la de los tiempos de Zaratustra. La segunda, la de los presocráticos y, en particular, la de dos filósofos poetas: Parménides y Empédocles. Y la tercera, la de los grandes poetas y filósofos, latinos, renacentistas, modernos y alemanes.
Con ellos, una extensa tradición de poemas y poetas-filósofos: Homero y los poetas griegos; Virgilio y los poetas y filósofos romanos y latinos; Petrarca, Dante, Bruno y el humanismo italiano; Descartes, Spinoza y aquellos del nacimiento de la modernidad. En la Alemania de los siglos XVIII y XIX, Hölderlin y sus poemas: Empédocles e Hiperion, así como otros tan posibles como discutidos, a lo que se suma una extensa lista de obras y autores de la poesía, la filosofía y las ciencias de la época. Y, por supuesto, un profundo y conflictivo sustrato bíblico.
Que Nietzsche quería escribir un poema épico y filosófico en esa época y en ese enamoramiento por Cósima, lo prueba el fragmento de su drama Empédocles, escrito en 1870.
Esto se explica, en parte, porque Empédocles es uno de los filósofos presocráticos del que, junto con Parménides, se conservan fragmentos de los poemas épico-filosóficos con los que expusieron sus ideas. Del primero Canto a la naturaleza y Purificaciones, del segundo, el Poema del ser. Filósofos, poemas e ideas que también marcarán el origen, el nacimiento, la forma y las ideas de Así habló Zaratustra.
Es por ello que, doce años después, en la primavera y en el verano de 1882, y ya enamorado de Lou, Nietzsche, en el aforismo 342 de la Gaya ciencia, al fin contempla la Esfera del solitario sol de Empédocles, así como "la bien redonda verdad", el sol de Parménides, esa Esfera y ese "sol" a los que Zaratustra entona su canto inicial, el mismo canto que volverá a entonar al final de Así habló Zaratustra.
En el siguiente fragmento del Canto a la Naturaleza de Empédocles, citado por Simplicio, se presenta "el solitario sol", la Esfera, antes inmóvil y luego agitada:
"358. Fragmentos 27 y 31, Simplicio, in Phys. 1183, 28:
Eudemo entiende que la inmovilidad (sc. de la que Aristóteles habla en Phys. 252 a 9) se aplica a la Esfera en la supremacía del Amor, cuando todas las cosas están mezcladas —"allí ni se distinguen los rápidos miembros del sol", sino que, como dice "tan adherida está a la densa obscuridad de Harmonía, una esfera redonda, que se regocija en su gozosa soledad".
Pero, cuando la Discordia comienza a prevalecer, de nuevo, surge entonces, una vez más, el movimiento en la Esfera: «pues todos los miembros, uno a uno, del dios comenzaron a agitarse" (7).
Esa es la Esfera y ese es el "sol" que para Nietzsche son la unidad en el Amor de sus éxtasis amorosos de la primavera y el verano de 1882, y que luego, ya en el invierno de 1882-1883, al comenzar a agitarse, por la prevalencia de la Discordia, es la agonía de su fracaso amoroso con Lou.
Es así como nace el canto al "solitario sol" y comienza el ocaso de Zaratustra, cuando, el 1 de febrero de 1883, con casi el mismo texto del aforismo 342 de la Gaya ciencia, inicia la escritura de Así habló Zaratustra:
"1/ Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:
«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!.
Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.
Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.
Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.
Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!
Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso, como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!
¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!
¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.»
- Así comenzó el ocaso de Zaratustra" (Así habló Zaratustra, Prólogo, 1).
Y, para complementar el motivo solar de ese canto y de otros motivos de Así habló Zaratustra, será en el Poema del Ser de Parménides:
"Siempre mirando hacia los rayos del sol" (Parménides, Fragmento 14).
De allí emergen el carro y las doncellas que conducirán a Nietzsche, "abandonadas ya las moradas de la noche hacia la luz", ante las puertas del abismo del "eterno retorno de lo mismo", ya pre-visto en el aforismo 341 de la Gaya ciencia, y ante el Superhombre, "de auriga inmortales compañero compañero", y hacia aquel lugar donde:
"...la diosa benevolente me recibió" (Parménides, Fragmento 1).
Esa diosa es la misma a la que Nietzsche se dirige, sin mencionarla, en el aforismo 342 de la Gaya ciencia. Esa diosa (o Lou) a la que ofrenda su poema enamorado. Ese poema en el que también él habla con aquellas palabras que compartió con Lou en aquellos tiempos en Tautemburg, en los que y de igual forma que en el poema de Parménides:
"... con su mano mi mano derecha cogiendo, con estas palabras a mi se dirigió" (Parménides, Fragmento 1).
La diosa (Lou) que toma la mano de Nietzsche y le habla de las tres vías del conocimiento y de su futura misión:
"24. Mancebo, de auriga inmortales compañero compañero,
25. que con sus caballos que te traen, a nuestra morada llegas,
26. ¡salud!, que no una mala moira te envió a seguir
27. este camino (pues fuera del sendero de los humanos está),
28. sino Themis y Dike. Y así tendrás todo que averiguar,
29. tanto de la bien redonda verdad el corazón imperturbable
30. como de los mortales los pareceres en los que verdadera fidelidad no hay,
31. y aprenderás también esto: cómo lo múltiple pareciente
32. tenía que hacerse aceptable, penetrándolo todo por todas partes" (Parménides, Fragmento 1) (8).
Esas tres vías del conocimiento que luego para Spinoza serán los tres géneros del conocimiento: empírico, racional e intuitivo. Y que para Nietzsche serán las tres trasformaciones: camello, león, niño.
Es así como, para el resucitado y renovado Nietzsche, Ave Fénix del enamoramiento, los éxtasis de la primavera y el verano de 1882 y las agonías de su fracaso amoroso del invierno de 1882-1883, son "los furores" que encienden las materias de "mi sabiduría", las antiguas y las nuevas, las mismas que él consumirá en la escritura de Así habló Zaratustra.
Resucita un Nietzsche / Superhombre, como en el famoso fragmento de Píndaro:
"410. Píndaro. Fr. 133, Snell, Platón, Menón, 81b:
En el noveno año devuelve Perséfone al sol de los dioses las almas de aquellos de quienes recibe satisfacción por su antiguo duelo. De ellos surgen nobles reyes, hombres rápidos por su fuerza, y los más grandes en sabiduría; y por el resto del tiempo son llamados héroes y sagrados por los hombres".
Un superhombre que Empédocles describe en sus Purificaciones:
"259 Empédocles, fr. 129, Porfirio, Vida de Pitágoras 30:
... Y entre ellos vivía
Un hombre de raro saber, poseedor de las mayores riquezas del espíritu
Y maestro en toda especie de ingeniosa destreza;
Pues siempre que ponía todos sus talentos en tensión, podía mirar
Con facilidad a todo lo existente, habiendo vivido
Diez y veinte vidas de hombres".
Un Superhombre ya en la "vía" (9) del ciclo de aquel primitivo "eterno retorno de lo mismo" de los misterios órficos que inspiraron lo místico y lo religioso en Empédocles.
Un Nietzsche / Zaratustra de quien, en su final, no es posible saber si concluye o comienza su misión: Ave Fénix o profeta Elias o el mismo Empédocles:
"Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas" (Z, IV, El signo).
En fin, Así habló Zaratustra es un poema épico-filosófico, pero también, es un poema enamorado y se podrán proponer, y hasta demostrar, infinidad de razones, motivos y pruebas, por los cuales Nietzsche escribiera Así habló Zaratustra como un poema enamorado y, sin embargo, al final de todo esfuerzo y pesquisa, sólo existirá una:
La única palabra posible del enamoramiento es la poesía.

NOTAS
(1) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100:
"El fragmento Empédocles
De este modo, poco a poco, va creciendo en él un nuevo y personal sistema de pensamiento y sistema del mundo que irá ampliando de modo constante a espaldas de su entorno más próximo: en Naumburg escondido tras la máscara de un Fritz jovial, alegre, amable y social; en Basilea oculto trás el profesor diligente.
Así fue como surgió, fechado el 22 de septiembre de 1870 en Naumburg, y de su problemática en torno a la tragedia, el bosquejo de un libro, "La tragedia y los librepensadores", que ya iba con mucho más allá del tema original: una historia del desarrollo de la tragedia griega. Y poco después nos topamos con otro proyecto de un drama, Empédocles, en el que de modo francamente inquietante se prefigura ya el camino del Nietzsche posterior y en el que aparecen símbolos fundamentales. Como más tarde con Zaratustra, también aquí toma una figura histórica -la del filósofo siciliano, médico prodigioso, poeta y fundador religioso del siglo quinto antes de Cristo, el legendario Empédocles- como máscara en la que él mismo aparece idealmente, sólo que en este caso permanece más cercano a la tradición, mientras que del legendario-histórico persa Zaratustra sólo queda el nombre y su función como fundador religioso. Conocía a Empédocles a través de Diógenes Laercio. De su concepción filosófica del mundo hubo de interesar a Nietzsche el proyecto de unir lo místico-pitagórico con la ciencia natural moderna. En la doctrina de Empédocles de la trasmigración de las almas está uno de los impulsos para lo doctrina de Nietzsche del eterno retorno de lo mismo como hipotética ética. Pero lo que toma muy especialmente son las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal Corina". Existe una Corina histórica; fue una poetisa beocia que vino de Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.
Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima. Algunas citas del borrador que apoyarían esta interpretación:

"Tercer acto: Teseo y Ariadna. El coro, Pausanias y Corina. Empédocles y Corina en el escenario. Vértigo de muerte en el pueblo ante el anuncio de la reencarnación. Se le venera como al dios Dionisios, mientras que él comienza sufrir de nuevo. (El actor Dionisios ridículamente enamorado de Corina)... Quinto acto... Dos ríos de lava de los que no pueden escapar (Empédocles y Corina). Empédocles se siente asesino, digno de un castigo infinito, espera el renacimiento de una muerte expiatoria. Esto lo arrastra hacia el Etna. Quiere salvar a Corina. Un animal se les acerca. Corina muere con él. "¿Huye Dionisios de Ariadna?".
  También el "Dios ha muerto" de Zaratustra se encuentra ya en este fragmento en la frase: "¡El gran Pan ha muerto", igual que otros muchos rasgos en general de la leyenda de Empédocles que entran a formar parte del Zaratustra. Al comienzo del fragmento Nietzsche expresa su propia problemática filosófica: "Empédocles que es empujado a través de todos los peldaños: religión, arte, ciencia, y que al superar el tercero se dirige contra sí mismo. Es empujado fuera de la religión por el reconocimiento de que es un engaño. Ahora, sagrado en la apariencia artística. Fuera de ella por el impulso del reconocimiento del dolor del mundo. Ahora considera como anatomista el dolor del mundo, se convierte en un tirano que usa de la religión y el arte, y se endurece cada vez más... El pueblo reunido en torno al cráter: Empédocles enloquece y antes de su desaparición anuncia la verdad de la reencarnación... Tras larga lucha reconoce la ilusión de la religión". Aunque con variaciones en la forma, se utilizan aquí las tres potencias de la Consideraciones sobre la historia universal de Jacob Burckhardt. Si en el caso de Burckhardt se trata de dos potencias estáticas, religión y estado, y una dinámica, la cultura, las que hacen las veces de fuerzas activas de la historia, en el de Nietzsche sólo se admite una estática, la religión, y se divide la cultura en dos elementos dinámicos, el arte constructor de mundo de apariencia y de fantasía , y la "ciencia", que disuelve y disgrega toda ilusión y todo producto figurativo. El estado desaparece totalmente como auténtica fuerza creadora de historia; es expresión, resultado, pero no potencia".
(2) Giordano Bruno, Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987, pp. 56-57:
"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada".
(...)
"TANSILLO: Así es. He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Los Heroicos Furores, I, 4).
(3) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(4) Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Presencia de Bruno y Spinoza en el enamoramiento de Nietzsche:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
------------ Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: Crónica del enamoramiento de Nietzsche por Lou Andreas Salomé y Así habló Zaratustra:
http://lectorludi.blogspot.com
------------ Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Nietzsche enamorado:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
(5) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 163.
(6) Iván Rodrigo García Palacios, "Zaratustra, mi hijo". Así nació Zaratustra en los tiempos del amor, en blog:
http://nietzsche-louandreas.blogspot.com/
----------- Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: Nietzsche enamorado:
http://lectorludi.blogspot.com
----------- Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Nietzsche enamorado:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
(7) G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1994, pp. 419-420.
(8) Parménides, Poema del Ser, Fragmento 1 D-K (Sexto Empírico: Adv. Math. VII 111 ss. (cod. N del s. XIII, codd. LE del XV).
Proemio:
"1. Las yeguas que me arrastran, tan lejos como el ánimo anhela
2. me llevaron. Y una vez que en el renombrado camino
3. de la Diosa me hubieron puesto, que lleva por toda la ciudad al hombre que sabe,
4. por allí me condujeron. Por allí me llevaban los hábiles corceles
5. tirando del carro; las doncellas indicaban el camino.
6. En los cubos del eje con estridente sonido rechinaban
7. ardiendo (acelerado por dos vertiginosas
8. ruedas, de ambos lados) cuando se apresuraban a escoltar
9. las doncellas Helíadas, abandonadas ya las moradas de la noche
10. hacia la luz, habiendo con sus manos los velos de la cabeza retirado.
11. Allí [están] las puertas de los senderos de la noche y del día
12. y en torno a ellas, dintel y umbral de piedra,
13. y ellas mismas, etéreas, cerradas por inmensas batientes hojas
14. de las que Dike, la de los múltiples castigos, las llaves guarda de doble uso.
15. Le hablaron las doncellas con blandas palabras
16. y sabiamente persuadieron a que el enclavijado cerrojo
17. prontamente de las puertas les quitase. Y éstas de la entrada
18. el inmenso abismo produjeron al abrirse. Los broncíneos
19. postes en sus goznes uno tras otro giraron
20. clavados de goznes y flejes. Y a través de las puertas,
21. derecho por el camino, carro y caballos las doncellas condujeron.
22. Y la diosa benevolente me recibió; con su mano
23. mi mano derecha cogiendo, con estas palabras a mi se dirigió:
24. Mancebo, de auriga inmortales compañero compañero,
25. que con sus caballos que te traen, a nuestra morada llegas,
26. ¡salud!, que no una mala moira te envió a seguir
27. este camino (pues fuera del sendero de los humanos está),
28. sino Themis y Dike. Y así tendrás todo que averiguar,
29. tanto de la bien redonda verdad el corazón imperturbable
30. como de los mortales los pareceres en los que verdadera fidelidad no hay,
31. y aprenderás también esto: cómo lo múltiple pareciente
32. tenía que hacerse aceptable, penetrándolo todo por todas partes".
(9) Werner Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 1997, pp. 102-103.

Medellín, 21 de mayo de 2010

martes, 20 de abril de 2010

Enamoramiento, filósofos, poetas y Zaratustra enamorado

Iván Rodrigo García Palacios

Enamoramiento, filósofos, poetas
y Zaratustra enamorado


Ponencia presentada en el II Congreso Internacional de Filosofía: Amor, Cuerpo y Deseo. Fundación Universitaria Luis Amigó. Medellín, Colombia, 23 de abril de 2010.

"(...) serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado".
(Francisco de Quevedo y Villegas, Amor constante más allá de la muerte).

"Cuando el pensamiento yace sepultado en cavernas, mostrará el enamoramiento su raíz desde el más profundo de los infiernos".
("When Thought is clos's in Caves Then love shall shew its toot in deepest Hell").
William Blake, The Four Zoas.

Porque sólo soy un Lector Ludi (1), las lecturas que les voy a proponer son una provocación a explorar "más allá" sobre el enamoramiento y sus consecuencias y a ocuparse de ello del mismo modo que lo hacía Nietzsche:
"No sé otra forma de ocuparme de las grandes tareas que el juego" (Ecce homo, Por qué soy tan inteligente, 10).
Cuenta la leyenda que Aristóteles, ilustre predecesor de la filosofía occidental, víctima de "los furores" perversos del enamoramiento y para dar una lección a su alumno Alejandro, se sometió y fue cabalgado, desnudo y en cuatro patas, por la hetaira ateniense Herpyllis, desnuda y látigo en mano.
Así sólo se sea una leyenda, algo de verdad persiste en ella.
Muchos siglos después, la xilografía de Hans Baldung Grien, La Belleza hostiga con su fusta a la sabiduría, o una de las tantas representaciones de ese motivo realizadas por artistas de la Alta Edad Media y la modernidad temprana (2), recuerdan ese bochornoso suceso:


Suceso que por extravagante y extraño amerita una explicación como la que escribió Peter Sloterdijk en su Critica de la razón cínica:
"El sentido quínico de la historia significa: la belleza hace vibrar su fusta sobre la sabiduría, el cuerpo vence a la razón; la pasión hace dócil al espíritu, la mujer desnuda triunfa sobre el intelecto masculino; la razón no tiene nada que oponer a la fuerza de convicción que poseen los pechos y caderas. Por supuesto que aquí están presentes los clichés femeninos de moda, pero el punto clave no está, sin embargo, en ellos, sino en el hecho de que describen una oportunidad del "poder" femenino. En el cuadro de Baldung Grien, el momento reflexivo del filósofo ha pasado a la hetaira. Efectivamente, también ella es "sólo una puta" y, sin embargo, en absoluto es una "pena que sea una puta". Ésta echa mano de una posibilidad de soberanía propia. Puede ser que quien cabalga sobre Aristóteles sea una mujer peligrosa, pero lo que es cierto es que quedará por encima del desprecio. El que una Herpyllis pretenda cabalgar sobre el inteligente hombre puede servir a éste, por un lado, de aviso, pero, al mismo tiempo, también le permitirá la experiencia de saber a dónde lleva esto. Ella, con su cabeza reflexivamente inclinada hacia un lado, ve venir lo que él ahí abajo parece temer todavía: ella tiene más claro que todo esto es sólo el comienzo y que Aristóteles, a la larga, no va a seguir siendo tan tonto. Cierto que para él la cosa empieza a cuatro patas, pero si él es tan inteligente como se dice, terminará a la espalda" (3).
Pero la historia de esa leyenda no concluye ahí para los filósofos enamorados.
En Lucerna, a mediados de mayo de 1882, Friedrich Nietzsche se inspira en ella para coreografiar y plasmar, en la célebre fotografía de Jules Bonet, "los furores" de su enamoramiento por la joven y bella rusa, Lou Andreas Salomé:


Por asombroso que pueda parecer, la interpretación que hace Peter Sloterdijk de la xilografía de Hans Baldung Grien, se puede aplicar, palabra más palabra menos, a la fotografía coreografiada por Nietzsche para él, Lou y Paul Rée.
El enamoramiento de Nietzsche es un caso excepcional por su conexión con Así habló Zaratustra y porque en ese poema, también, es posible explorar y descubrir los misterios del enamoramiento.
Sobre el tema del enamoramiento de Nietzsche por Lou hablaré más adelante (4). Antes voy a contar algunas historias de los enamoramientos de otros filósofos y otros poetas.
Los enamoramientos de Aristóteles y Nietzsche no son ni los primeros ni los únicos ni los últimos; las historias de filósofos y poetas preñados por "los furores" del enamoramiento, tienen "mucha tela por contar".
Para empezar, hay que decir que el enamoramiento es un imperativo natural, un mecanismo evolutivo para el Homo-Humano, necesario, temporal, repetitivo e incontrolable, mediante el cual el cuerpo y la mente se trasforman.
Pero también, el enamoramiento, para la imaginación, es un ideal, un anhelo de unidad y perfección, el "conatus" spinoziano.
Porque el enamoramiento, como fenómeno neurobiológico, es instinto, apetito, emoción, deseo, sentimiento, anhelo, y como evento existencial, biográfico y cultural, se corresponde como un asunto sagrado, erótico, heroico, trágico y cómico:
Sagrado, porque es una experiencia de lo divino.
Erótico, porque es la fuerza caótica que forma y transforma el cuerpo y la mente de los amantes.
Heroico, porque hace que los enamorados desplieguen la totalidad de unas energías, fuerzas y poderes de las que no se sabían poseedores.
Trágico, porque su fin es ineludible e ineluctable.
Cómico, porque el pícaro Eros siempre se sale con la suya (5).
En el ámbito de esas concepciones del enamoramiento de la carne y del espíritu, en ese estro amoroso y creativo, es donde se producen las reacciones y manifestaciones que los poetas y los filósofos expresan en sus obras. Estéticas las de los poetas y herméticas las de los filósofos.
Ello se explica porque, en los estados extremos: éxtasis y agonías del enamoramiento, cada persona, acorde con su naturaleza y con la visión de sí mismo, reacciona y se expresa de manera extrema, una especie de terapia para recuperar la armonía emocional y corporal (6). La escritura es remedio para filósofos y poetas.
La necesidad de concebir y realizar una obra es, en sí misma, un estado de enamoramiento. Tal, un caso excepcional: Arquímedes y su “¡Heureka! ¡Heureka!”. Arquímedes, enamorado, enajenado y en el perpetuo éxtasis de su ciencia, del que cuenta Plutarco:
"A menudo los criados de Arquímedes le llevaban a los baños contra su voluntad, para lavarle y ungirle, y aun estando allí, siempre estaba dibujando figuras geométricas, incluso en las mismas cenizas de la chimenea. Y mientras lo estaban ungiendo con aceites y dulces perfumes, con sus dedos dibujaba líneas sobre su cuerpo desnudo, hasta tal punto estaba fuera de sí, y llevado de un éxtasis o trance, con el deleite que tenía en el estudio de la geometría".
Son bien conocidos los casos de filósofos y poetas que han realizado grandes obras y poemas motivados por el enamoramiento o en la postrer agonía de los fracasos amorosos que los sumieron en agudas crisis existenciales.
Más conocidos y documentados unos casos que otros, las historias de la filosofía y de literatura ilustran de manera evidente esa conexión sublime y trágica del enamoramiento con la vida y la obra de sus autores.
De manera breve, presento algunos para ilustración y estímulo que provoque una Lectura Lúdica.
Para comenzar por algún lugar en el tiempo: de la Grecia antigua son conocidos los casos, entre muchos, el del enamoramiento no correspondido de Safo por Faonte, inspiración de doloridos versos o el de Sócrates por Alcibíades, motivo de serias reflexiones sobre el amor, la amistad y el desvelo por sí mismo.
De allí a Roma, también entre muchos, la locura de Lucrecio, debida, se cuenta, a una pócima amorosa de Lucilia, o el fantasmagórico enamoramiento de Virgilio por su mujer Plocia, el que bien recrea Hermann Broch en La muerte de Virgilio.
De Roma hasta los inicios del Renacimiento y a esa hermética sublimación del enamoramiento en la Amada y en la Sabiduría.
Petrarca y su trasformación ante la belleza de Laura.
El enamoramiento sublimado y nunca consumado de Dante por Beatriz. El enamoramiento de Dante es provocado por la imagen de una bella niña a cuya adoración y exaltación dedicará el resto de su existencia y obra, pero, como luego explicará en su Incipit vita nova (Comienza la vida nueva), y con mayor amplitud en El convivio, en esa imagen también se encarnará la idea de la Sabiduría.
Después de Dante, será Giordano Bruno quien inspirará la idea y el tono de lo que será el poder trasformador del enamoramiento y el estro amoroso y creativo. Idea de antigua tradición convertida en "furor":
"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada" (Giordano Bruno, Los Heroicos Furores, I, 4).
Luego, en la España inquisitorial del 1500-1600, el enamoramiento es ideal místico y su poder transformador será, o locura de poetas: Tirso de Molina, Quevedo, Lope de Vega, o visión mística: Fray Luis de León, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz:
"¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el amado transformada!"
(San Juan de la Cruz, La noche oscura).
Ya en los inicios de la Ilustración y en contra de tan luminoso racionalismo, el enamoramiento hará de las suyas, tal es el caso de la trasformación del filósofo del Sentir, Jean-Jacques Rousseau, como lo muestra Ernst Cassirer:
“Rousseau ha descrito en las Confesiones cómo su enamoramiento por la Señora d'Houdedot hizo que el filósofo, el crítico social, el apóstol de la libertad se transformara de nuevo en el “pastor extravagante”: “El grave ciudadano de Ginebra -exclama dolorosamente- volvió a ser de repente el pastor extravagante” (7).
Será Goethe, perpetuo enamorado de la poesía, la filosofía, las ciencias y de tantas mujeres, quien mejor comprenda que los "furores" del enamoramiento enajenan la carne y el espíritu del enamorado con sus tinieblas y luces, agonías y éxtasis, locura y sabiduría.
El joven Goethe, en el primer Fausto, es quien mejor describe el previo desasosiego del enamoramiento:
"¿Y aún te preguntas por qué tu corazón se para, temeroso, en el pecho? ¿Por qué un dolor inexplicable inhibe tus impulsos vitales? En lugar de la naturaleza viva, en medio de la que Dios puso al hombre, lo que te rodea son osamentas de animales y esqueletos humanos humeantes y mohosos" (Johann W. Goethe, Fausto, I, Noche).
Para, de inmediato y ante la visión cósmica, ser poseído por la radiante felicidad:
"(Abre el libro y observa el signo del Macrocosmos).
¡Ah!, qué deleite corre de súbito, al mirarlo, por todos mis sentidos. Siento cómo la joven y santa felicidad vital me fluye por músculos y venas con renovado ardor. ¿Fue acaso un Dios el que escribió estos signos que calman el furor de mi interior, llenan mi pobre corazón de gozo y, con un impulso secreto, me desvelan las fuerzas naturales? ¿Soy acaso, un dios? Todo se llena de claridad. En estos trazos puros se evidencia ante mi espíritu la activa naturaleza. Ahora sí que entiendo lo que dice el sabio: «No está cerrado el mundo espiritual; son tus sentidos los que están cerrados, es tu corazón el que está muerto; discípulo, levanta, y baña infatigablemente tu pecho terrenal en la aurora» (Johann W. Goethe, Fausto, I, Noche).
Será el viejo Goethe, al final de su vida y de la segunda parte de Fausto, quien comprenda la naturaleza del enamoramiento y su misterioso propósito. El viejo Fausto entona su postrer canto:
"Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo inalcanzable
Se torna evento.
Lo indescriptible
Se cumple.
Lo eterno-femenino
Nos atrae a las alturas.
(Johann W. Goethe, Fausto, II, Barrancos).
Contra el racionalismo y de retorno a las tinieblas del espíritu, en los inicios del Romanticismo y no propiamente un romántico él, Friedrich Hölderlin y su enamoramiento por Susette Gontard, su Diótima, es causa de la transformación de su poesía, según lo escribió Hans-Georg Gadamer:
"Para Hölderlin, el encuentro de lo superior tuvo lugar en la separación de Diótima, en la despedida que vino a destruir una felicidad real. Fue la experiencia de lo divino, que aparece precisamente en su privación, lo que otorgó a la poesía de Hölderlin su nuevo tono, ante el cual nuestro siglo reaccionó como ante algo totalmente nuevo. Es importante que haya sido la experiencia de una pérdida lo que revelara al poeta el ser divino. A partir de la "divinidad" del amor, que Hölderlin experimentó, su tono poético registró una transformación radical" (8).
Luego, ya sí el romántico de los románticos, Novalis, Friedrich von Hardenberg, enamorado:
"A finales de este año, 1794, Novalis se encuentra con Sophie von Kühn. Queda subyugado. Será el gran amor de su vida. Lo que ahora sucede es un Romanticismo como forma de vida, algo que en el fondo sólo está en los libros" (9).
Sophie von Kühn es por y a quien Novalis escribe su novela Enrique de Ofterdingen, sus Himnos a la noche y su anhelo de ver la Flor Azul.
Del enamoramiento expresado como poesía al enamoramiento como asunto en la reflexión filosófica:
Soren Kierkegard, tras la crisis amorosa con Regina Olsen, escribió sus obras más inquietantes y herméticamente autobiográficas: Temor y temblor, La repetición, Tres discursos edificantes, Diario de un seductor y ¿Culpable? ¿No culpable?, publicadas en 1843. Sobre esta crisis escribió en su Diario de 1849:
"Si quisiera saberse cómo -aparte de la relación con Dios- he sido impulsado a ser el escritor que soy, respondería: ello ha dependido de un anciano, que es el hombre a quien más debo -y de una joven, con la que he contraído la más grande deuda- y también de lo que por inclinación debe haberme sido dado como una posibilidad, a saber, unidad de vejez y de juventud, del rigor del invierno y de la dulzura de la primavera; el uno me educó con su noble saber, la otra con su agradable superficialidad".
Si algún caso es asombroso, ese es el del enamoramiento que se expresa en una gran obra filosófica: Martín Heidegger y Hannah Arendt.
Heidegger escribió Ser y tiempo en los días de su enamoramiento por Hannah Arendt, "la pasión de su vida", a la que reconoció el haber sido la musa que le hizo posible escribir la obra, como lo anota Rüdiger Safranski:
"Para Heidegger se abrió en Marburgo una sorprendente oportunidad, lo que los teólogos de allí llamaban "Kairos", la gran oportunidad de un tipo especial de "propiedad". Tuvo allí un encuentro del que, según confesará más tarde su mujer Elfride, surgió "la pasión de su vida".
A principios de 1924 había llegado a Marburgo una estudiante judía de dieciocho años, deseosa de estudiar con Bultmann y Heidegger. Era Hannah Arendt.
(...)
"(Heidegger) En las cartas (a Hannah Arendt) insiste una y otra vez en que nadie lo comprende como ella, también y precisamente en asuntos filosóficos. Y de hecho Hannah Arendt demostrará todavía lo bien que ha entendido a Heidegger. Lo entenderá mejor de lo que él se ha entendido a sí mismo. Como acostumbra suceder entre los amantes, ella responderá complementariamente a su filosofía, y le dará aquella mundanidad que todavía le falta. Al "precursar la muerte" responderá con una filosofía de la natividad; al solipsismo existencial de "mi singularidad" (Jemeingkeit) responderá con una filosofía de la pluralidad; a la crítica de la "caída" en el mundo del "uno" replicará con el "amor mundi". Al "claro" (Lishtung) de Heidegger responderá ennobleciendo filosóficamente la "esfera pública". Sólo así surgirá de la filosofía de Heidegger un todo completo; pero este hombre no lo notará. Él no leerá los libros de Hannah Arendt, o lo hará muy de pasada, y lo que lee allí le ofende.
Heidegger ama a Hannah y la amará por mucho tiempo; la toma en serio, como mujer que lo comprende, y ella se convertirá en su musa de Ser y tiempo; él le confesará que sin ella no habría podido escribir la obra. Pero en ningún momento se persuadirá de que puede aprender de ella" (10).
Hannah escribió para ser amada.
Y, para cerrar la lista, señalo: Eros actúa en la oscuridad; no hace distinción de género.
Thomas Mann, a quien sus enamoramientos por muchachos le provocaron la necesidad de escribir algunas de las más emocionales y herméticas páginas de sus obras y de la historia de la literatura y del enamoramiento homosexual.
Tal el caso del enamoramiento de Thomas Mann por Armin Martens, según lo crítica Marcel Reich-Ranicki:
"Armin Martens (el modelo de Hans Hansen en Tonio Kröger), de quien se dice que no había tenido otra misión que la de inspirar un sentimiento destinado a convertirse en un poema perdurable. ¿Ninguna otra misión? Me pregunto si se trata sólo de una observación fría y egoísta o quizás incluso cruel" (11).
Y, ¿qué decir, entonces, de Muerte en Venecia, La montaña mágica, José y sus hermanos?
En fin, la lista de filósofos y poetas trasformados por el enamoramiento, como un río heraclitiano, continúa fluyendo, viejas y nuevas aguas, siempre otras, siempre las mismas.


Zaratustra enamorado

Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, por Grau Santos


Ahora voy a contar algo de la historia del enamoramiento de Friedrich Nietzsche por Lou Andreas Salomé y sus conexiones con Así habló Zaratustra.
Así habló Zaratustra es un poema enamorado, "una confesión" (12), nunca un duelo. Una lectura apasionada descubrirá los enigmas del enamoramiento que Nietzsche explora en sí mismo e iluminará, para todos, ese misterio de ser y estar enamorados (13).
Eso fue lo que encontré en un juego de lecturas lúdicas, abductivas (14), por medio de las cuales quería averiguar las consecuencias y efectos que, el enamoramiento de Nietzsche por Lou, en el verano de 1882, pudo significar para su vida y su obra, máxime tratándose de un hombre que siempre se supo y se manifestó: "humano, demasiado humano" y sabiendo que fue a ella, la única, a quien quiso regalar y con quien compartió y discutió su pensamiento del "eterno retorno" y su "filosofía del futuro":
"Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien".
"[...]
Estuve inclinado a considerarla como la visión y aparición de un ideal sobre la tierra. ¿Lo notó? veo muy mal" (15).
En esas averiguaciones descubrí una serie de datos, sucesos y elementos de las vidas y de los escritos de Nietzsche y Lou que se conectaban, se correspondían y se relacionaban, para converger, trasponerse y culminar, de forma primordial, proteica y necesaria, en la escritura de Así habló Zaratustra (16), así como de Ecce homo y otras de sus obras.
Esto me llevó a concluir que, de no haber sido por ese enamoramiento, toda esta historia sí hubiera resultado ser un chisme, frívolo, pueril e irrelevante en la vida y para la obra de Nietzsche.
O que pudo haber sucedido cualquier otra cosa, como lo sugiere su biógrafo Curt Paul Janz:
"Un éxito en la relación amorosa con Lou hubiera significado para Nietzsche la última oportunidad para volver a encontrar el camino hacia las personas; como le fue negado, ello lo volvió a encerrar definitivamente ya en su desesperanzada y amarga soledad" (17).
O no haber sido, si se lo interpreta con una mujer filósofa: María Zambrano. Ella que creía en el poder "aquietador" del amor doméstico y en que la mujer es "estrella fija", "creadora de orden", para la vida del hombre, en contraposición al "furor" profético del enamoramiento:
"(...) Nietzsche destruyó su vida al no haber podido alcanzar forma: Dionisios perdido en el mundo occidental que no supo, como la antigua Grecia, desnudarle, poner de manifiesto su figura.
Esto aclara el gesto oscuro del destino, poniendo frente a Nietzsche, en sus treinta y ocho años de varón que ya no puede seguir esperando, una mujer. Una mujer, única fuerza capaz de encantar su espíritu y encerrarlo en los límites de la forma. Nietzsche, ímpetu sin fin de vida, necesitaba de la gracia luminosa que detuviera su desesperada carrera, que encantara su ambición demoníaca, que hiciera al fin descansar al judío errante. Mas, es entonces ella, Lou Andreas Salomé, la que no puede detenerse. ¡Tremendo destino es para una mujer no poder detenerse, no aceptar a elevar su feminidad a norma luminosa, aquietadora y alentadora de la vida de un hombre!
Pero entonces, al no poder detenerse, debió alejarse. Quizás sólo el amor lejano, no gozado, inasequible, sea el único que sabe.
(...)
(Lou) Pasó tangente a la vida de Nietzsche, como estrella errante en la noche de aquel agosto, preludio de un otoño inexorable, la que pudo ser, con sólo lejanía, la estrella fija de su vivir. Si es algo la mujer en la vida de un hombre como Nietzsche -quizás, de todo hombre- es creadora de orden. Ordenar graciosamente la barbarie de los instintos, la selva del sentimiento, la contradicción de los anhelos, fue la misión que declinó Lou Andreas Salomé frente al Dionisios germánico. Sin generosidad para penetrar en el círculo de su vida, y sin vocación para colocarse de un salto arriba, alta, quieta, lejana" (18).
Por ello y por trágica fortuna, es necesario agradecer al dios del enamoramiento, porque de lo contrario ni Zaratustra ni lo que le siguió, hubieran existido tal y como son.
Así habló Zaratustra es esa obra "a imagen y semejanza" de lo que era Nietzsche al momento de su enamoramiento: un hombre, un "ser en verdad mejor que los hombres ordinarios", según la definición de Giordano Bruno para el "furioso heroico" (19).
Los enamoramientos y renacimientos de Nietzsche son una y la misma cosa: supremos, cósmicos y cataclísmicos y, su enamoramiento por Lou, fue la aurora que anuncia a Zaratustra.
Quien de verdad haya leído Así habló Zaratustra, debió sentir que en ese poema, junto con los asuntos filosóficos, también subsiste un trágico lamento enamorado que brota en el canto de las fuentes romanas y el que no soy el único en conectar con el enamoramiento de Nietzsche por Lou:
"Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.
Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante" (Así habló Zaratustra, II, La canción de la noche).
Lo que después, al explicar Así habló Zaratustra en Ecce Homo, es ya un enigma:
"Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca: así sufre un dios, un Dionisios. La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna... ¡Quién sabe, excepto yo, qué es Ariadna! De todos estos enigmas nadie tuvo hasta ahora la solución, dudo que alguien viera siquiera aquí nunca enigmas. - Zaratustra define en una ocasión su tarea –es también la mía con tal rigor que no podemos equivocarnos sobre el sentido: dice sí hasta llegar a la justificación, hasta llegar incluso a la redención de todo lo pasado" (Ecce Homo, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, 7-8.).
Nietzsche intuyó con clarividencia y certidumbre que el enamoramiento era un proceso natural de transformación, de resurrección: "la redención de todo lo pasado". Eso es lo que con hermetismo desvela en Así habló Zaratustra.
El enamoramiento a Nietzsche se le reveló al contemplar a Lou, tal y como se revela todo enamoramiento, en una hierofanía (20), en un destello cósmico:
"¿De qué estrellas venimos y hemos caído para encontrarnos aquí?" (Lou Andreas Salomé, Mirada retrospectiva, D. pp.76-77).
Destello del que nace el solar y luminoso Zaratustra del aforismo 342 de la Gaya ciencia y el que, como todo evento cósmico, es momento de destrucción y construcción. Así dice Zaratustra:
"¡Bendíceme, pues, ojo impasible, capaz de contemplar sin envidia incluso una felicidad excesiva! ¡Bendice esta copa ansiosa de desbordarse y de derramar su dorada agua para que lleve por doquier el reflejo de tus delicias! ¡Mira esta copa que anhela volver a vaciarse; mira a Zaratustra, que quiere volver a ser hombre!". (Gaya ciencia, aforismo 342).
De ese instante en adelante, el enamoramiento de Nietzsche debe explorarse y descubrirse en sus palabras herméticas, esas con las que se cuenta, se conecta y se ahonda en lo oculto de una historia contada, pero no desvelada. Su "confesión".
Nietzsche emplea, entre otras, la expresión blando césped y su trasposición como verde prado, para referirse a los ambiguos y herméticos aspectos de su enamoramiento. Siguiendo las claves, será ese verde prado el escenario sagrado en el que el héroe agonizará lo erótico, lo heroico, lo trágico y lo cómico, de su enamoramiento.
Esa expresión es utilizada en los discursos de Así habló Zaratustra: De las cátedras de la virtud, I; La canción del baile, II; De los apóstatas, III; y La otra canción del baile, III. Que citaré a continuación con la respectiva conexión a cada uno de los aspectos que ya atribuí al enamoramiento.
En el desasosiego, previo al estallido del enamoramiento, el futuro enamorado busca un verde prado:
"Un atardecer caminaba Zaratustra con sus discípulos por el bosque; y estando buscando una fuente he aquí que llegó a un verde prado a quien árboles y malezas silenciosamente rodeaban: en él bailaban, unas con otras, unas muchachas" (Z, II, La canción del baile).
La primera vez y ya en la plenitud de su enamoramiento por Lou, ese verde prado es erótico en el último aforismo de la Gaya ciencia:
"¿No estamos en medio de una esplendorosa mañana y sobre un verde prado y tierno que invita a bailar sobre él? ¿Hubo alguna vez un momento más favorable para estar alegres? ¿Quién nos cantará una canción tan soleada, liviana y delicada que no espante a las cigarras, sino que las invite a cantar y a bailar con nosotros?" (Gaya ciencia, aforismo 383).
Ya, en De las cátedras de la virtud, traspuesto en sagrado, ese verde prado se corresponde con el islote de San Giulio y Monte Sacro (21) -o, ¿"montaña de Venus"?-. Aquel primer paseo a solas en el que Lou no recuerda si se besaron. Es indudable que si se besaron. Esa es la conexión romántica. Ese beso debió tener el "poder mágico" de los besos de los habitantes de "la montaña de Venus" que enajenan a quienes ellos besan, tal lo ocurrido a Nietzsche (22).
Verde prado sagrado que también se conecta y corresponde con aquellos "crepúsculos" de los días sagrados, heroicos y felices del "idilio de Tautenburg" y de El libro del nido de Stibbe (23):
"Para mí el mejor pastor será siempre aquel que lleva sus ovejas al prado más verde esto se aviene con el buen dormir" (Z, I, De las cátedras de la virtud).
Luego, de verde prado sagrado, se traspone en trágico:
"Ay, ¿ya está marchito y gris todo lo que hace un momento estaba aún verde y multicolor en este prado? ¡Y cuánta miel de esperanza he extraído yo de ahí para llevarla a mis colmenas!" (Z, III, De los apóstatas, 1).
Es trágico porque ese es el verde prado de mieles y colmenas que va a corresponderse con la pradera intacta, el prado virgen y la abeja primaveral del trágico enamoramiento de Fedra por Hipólito:
"HIPÓLITO: - A ti, oh diosa, te traigo, después de haberla adornado, esta corona trenzada con flores de una pradera intacta, en la cual ni el pastor tiene por digno apacentar sus rebaños, ni nunca penetró el hierro; sólo la abeja primaveral recorre este prado virgen. La diosa del Pudor lo cultiva con rocío de los ríos" (Eurípides , Hipólito, v. 75 y 76) (24) .
Hipólito, hijastro de Fedra, enajenado de Artemisa, es extraño a los asuntos de Amor y Eros. Fedra, enamorada y rechazada, lo acusa de intentar violarla. Hipólito es castigado con la muerte y Fedra, arrepentida y para recuperar el honor real, se quita la vida.
Y del motivo trágico, al motivo cómico y erótico, el cuerpo y la sexualidad domesticados: la llanura y el verde prado y el poleo de la beocia en Lisístrata de Aristófanes (v. 87 y 88):
"LISÍSTRATA. Sí, por Zeus, muy de Beocia: ¡menuda llanura tiene!
CLEONICE. Sí, por Zeus, y se ha depilado muy elegantemente el poleo".
Beocia se conocía como una llanura de gran fertilidad. Se utiliza aquí edíon con un doble significado de «llanura» y del «sexo de la mujer». Y, también, el "prado"(tò pedíon) es la parte externa del sexo femenino.
El poleo, entendido como mala hierba en la llanura, alude al vello púbico de la beocia. El "poleo" (blēchō) también alude al monte de Venus; la depilación del pubis era común entre las atenienses de la época.
En escena, dioses, Eros, héroe, tragedia y comedia. Nietzsche dijo, con frase de Lou que en aquella comunidad que integrarían, junto con Paul Rée, ellos estarían:
"Más allá del bien y del mal hemos encontrado nuestro islote y nuestro verde prado - ¡nosotros dos solos! ¡Ya por ello tenemos que ser buenos el uno para el otro!" (Z, III, p. 316).
En ese verde prado se presiente, además de la desnuda beocia de Aristófanes en Lisístrata, a aquella otra beocia: Corina, la poeta (25):
"Y nos miramos uno a otro y contemplamos el verde prado, sobre el cual empezaba a correr el fresco atardecer, y lloramos juntos. - Entonces, sin embargo, me fue la vida más querida que lo que nunca me lo ha sido toda mi sabiduría" (Z, III, p. 317).
Así como he conectado ese verde prado con el trágico Hipólito de Eurípides y así como otros estudiosos lo han referido a muchas otras fuentes, sagradas y profanas, me parece necesaria esta conexión erótico-cómica con Lisístrata de Aristófanes, porque, en algunos de los ambiguos contextos en los cuales Nietzsche emplea la expresión verde prado, estas se prestan para ser entendidas como las específicas referencias sexualizadas y de domesticidad sexual que, igual que Aristófanes, Nietzsche hace, unas veces con emoción erótica y otras con ironía burlesca y satírica, lo cual se corresponde, como anillo al dedo, con el contexto de los estados anímicos de gozo e ira que le provocan el enamoramiento y el posterior rompimiento con Lou.
Y, por supuesto, como cualquier enamorado rechazado, Nietzsche, irónicamente, desahoga su despecho con el misógino Eurípides en Aristófanes:
"EL CORIFEO. No hay poeta más sabio que Eurípides, pues ninguna criatura es tan desvergonzada como las mujeres" (Lisístrata, v. 369).
Que Zaratustra asume:
«¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!» (Z., I, De viejecillas y de jovencillas) .
Años después, en la desazón y el olvido: lo trágico y lo cómico del enamoramiento, Nietzsche satirizará con ironía, en Más allá del bien y el mal, a aquellos que buscan en aquel verde prado el poder "aquietador" y el orden del amor doméstico que receta María Zambrano:
Aforismo 44
"A lo que ellos (los filósofos nuevos) querrían aspirar con todas sus fuerzas es a la universal y verde felicidad-prado del rebaño, llena de seguridad, libre de peligro, repleta de bienestar y de facilidad de vivir para todo el mundo" (Más allá del bien y el mal).

Aforismo 206
"(...) el hombre científico tiene laboriosidad, paciencia para ocupar su sitio en la fila, regularidad y mesura en sus capacidades y necesidades, tiene el instinto para reconocer cuáles son sus iguales y qué es lo que sus iguales necesitan, por ejemplo aquella dosis de independencia y de prado verde sin la cual no hay tranquilidad en el trabajo" (Más allá del bien y el mal).
Es el mismo poder "aquietador", cuerpo y sexualidad domesticados, que Nietzsche ya se había prescrito en el aforismo 363 de la Gaya ciencia.
Porque, al igual que para Nietzsche, Aristóteles y todos los filósofos y poetas, el enamoramiento, la verdad y la mujer, continúan siendo un enigma:
"Suponiendo que la verdad sea una mujer -, ¿cómo?, ¿no está justificada la sospecha de que todos los filósofos, en la medida en que han sido dogmáticos, han entendido poco de mujeres?, ¿de que la estremecedora seriedad, la torpe insistencia con que hasta ahora han solido acercarse a la verdad eran medios inhábiles e ineptos para conquistar los favores precisamente de una hembra? Lo cierto es que la verdad no se ha dejado conquistar..." (Más allá del bien y el mal, Prólogo).
En fin, conocer del enamoramiento es gozo para el Lector Ludi que juega a revelar el indevelable misterio de sus verdes prados.
Ese jugar del que escribió Friedrich Schiller:
"Expresado con toda brevedad, el hombre sólo juega cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y sólo es enteramente hombre cuando juega" (26).
Porque, cuando "los furores" del enamoramiento encienden la carne, el espíritu es atraído a las alturas.
NOTAS

(1) Iván Rodrigo García Palacios, Sin la lectura... ¿Quién soy yo?:
http://alegrialectura.blogspot.com/
(2) Ver: marinni.livejournal.com/435140.html
El tema de Aristóteles sometido y cabalgado por la hetaira ateniense Herpyllis, fue motivo para un buen número de artistas de la Alta Edad Media y la temprana modernidad, entre ellos Hans Baldung Grien, Lucas van Leyden, Alberto Durero, Lucas Cranach El viejo (1472-1553), Jan de Beer (1450-1536), Hans Burgkmair El viejo (1519), Hans Holbein El joven (1522), Hans Brosamer (1520-1551), Wenzel von Olmütz (1485-1500).
También existe una versión de ese motivo realizada por Oskar Kokoschka en 1913 y titulada Aristóteles y Herpyllis.
(3) Peter Sloterdijk, Critica de la razón cínica, Siruela, 2003, ps. 380 a 382.
(4) Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: http://lectorludi.blogspot.com
Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un lector ludi: Nietzsche enamorado:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
---- Iván Rodrigo García Palacios, Zaratustra, mi hijo:
http://nietzsche-louandreas.blogspot.com/
(5) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(6) Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 34.
(7) Ernst Cassirer, Rouseau, Kant, Goethe. Filosofía y cultura en la Europa del Siglo de las Luces. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2007, p. 178.
(8) Hans-Georg Gadamer, Poema y diálogo. Ensayos sobre los poetas alemanes más significativos del siglo XX, Gedisa, Barcelona, 1993, p. 41.
(9) Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 104.
(10) Rüdiger Safranski, Un maestro de Alemania. Martín Heidegger y su tiempo, Tusquets, Barcelona, 1997, pp. 170 y 174.
Ver también:
-- Elzbieta Ettinger, Hannah Arendt y Martín Heidegger, Tusquets, Barcelona, 1996.
-- Alois Prinz, La filosofía como profesión o el amor al mundo. La vida de Hannah Arendt, Herder. Barcelona, 2001.
(11) Marcel Reich-Ranicki, Siete precursores. Escritores del siglo XX, Thomas Mann..., Galaxia Guttenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, p. 102.
(12) Los biógrafos han sido prolijos en sus informaciones sobre estos y otros enamoramientos de Nietzsche, aunque cautos al momento de atribuirles los profundos efectos que ellos tuvieron sobre su existencia, su pensamiento y su obra, contraviniendo la propia recomendación de Nietzsche al considerar la vida y la obra del filósofo.
Nietzsche así se lo escribió a Lou Andreas Salomé, en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882, meses antes de escribir Así habló Zaratustra:
"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (1).
Y volvió a reafirmarlo después de escribir Así habló Zaratustra, en Más allá del bien y el mal:
"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía: una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas" (Más allá del bien y el mal, Sección primera. De los prejuicios de los filósofos).
(13) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(14) Carlos Rincón, García Márquez, Hawthorne, Shakespeare, De la Vega & Co. Unltd., Serie La Granada Entreabierta, 86, Instituto Caro y Cuervo, Santa Fe de Bogotá, 1999, pp. 66-67.
(15) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 185-186.
Todas las citas a la correspondencia y notas de Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, han sido tomadas de: Friedrich Nietzsche, Lou Andreas-Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, y se identifican con (D y número de página) en el texto.
Algunas de las cartas de Nietzsche a Lou y Rée, fueron destruidas por ellos y las que Lou envió a Nietzsche, fueron destruidas por su hermana Elizabeth. Las únicas que se conservan son estas copias del archivo personal de Lou.
(16) La primera parte entre el 1 y el 10 de febrero de 1883. Otras dos partes del poema fueron escritas, la segunda, en Sils-María, entre el 26 de junio y el 6 de julio de 1883. Y, la tercera, entre el 8 y el 20 enero de 1884, en Niza.
Aun cuando las tres partes fueron publicadas por separado, se considera el año de 1884 como el de la conclusión y publicación. Una cuarta y última parte fue escrita en 1885, como primera parte de una nueva obra de tres partes, titulada Melodía y eternidad, cuyas otras dos partes nunca escribió.
Podría ser coincidencia que la escritura de la segunda y la tercera parte de Así habló Zaratustra se correspondiera con la campaña de venganza que contra Lou y Paul Rée desataron Nietzsche y su hermana. La escritura de la cuarta parte se corresponde con la lectura de Nietzsche al primer libro de Lou, la semi-novela, En la lucha por Dios, publicado en 1884.
(17) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 3. Los diez años del filósofo errante (Primavera de 1879 hasta diciembre de 1888), Alianza, Madrid, 1985, p. 120.
(18) María Zambrano, Hacia un saber sobre el alma, Alianza, Madrid, 1987, pp. 157-158.
(19) Giordano Bruno, Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987, pp. 56-57.
"TANSILLO: Se suponen, y de hecho existen, varias especies de furores, todas las cuales se reducen a dos géneros: los unos manifiestan únicamente ceguera, estupidez e ímpetu irracional, tendiendo a la insensatez ferina; consisten los otros en cierta divina abstracción por la cual algunos alcanzan a ser en verdad mejores que los hombres ordinarios. Y estos son a su vez de dos especies, pues ciertos individuos, al haberse convertido en habitáculo de dioses o espíritus divinos, dicen y obran cosas admirables de las que ni ellos mismos ni otros entienden la razón (...). Otros, por estar avezados o ser más capaces para la contemplación y por estar naturalmente dotados de un espíritu lúcido e intelectivo, a partir de un estímulo interno y del natural fervor suscitado por el amor a la divinidad, a la justicia, a la verdad, a la gloria, agudizan los sentidos por medio del fuego del deseo y el hálito de la intención y, con el aliento de la cogitativa facultad, encienden la luz racional, con la cual ven más allá de lo ordinario; y estos no vienen al fin a hablar y obrar como receptáculos e instrumentos, sino como principales artífices y eficientes".
(20) Mircea Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Fondo de Cultura Económica, México, 1986.
(21) La versión, más amplia y detallada de los eventos que rodean "El secreto de Monte Sacro", la ofrece el esposo de Lou, H. F. Peters, en la biografía titulada: Mi hermana, mi esposa, la vida de Lou Andreas-Salomé, Plaza & Janés, Barcelona, 1980, pp. 94, 95, 96.
(22) Aquí, indudablemente, se conectan y corresponden los mitos de los primitivos románticos: Ludwig Tieck, Tannhäuser y, con posterioridad, de Wagner, Tannhäuser, Nibelungos, como puede abducirse de lo que escribe Rüdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 94:
"El relato de Tieck sobre los atractivos de la montaña de Venus se convirtió en una cantera para posteriores elaboraciones, sobre todo la de Wagner. Pero ante todo, Tieck ha continuado un motivo presente en El rubio Eckbert, a saber, la experiencia de que hay secretos que es mejor dejar "perdidos en la noche". En Tannhäuser el secreto se refiere al embrujo peligroso cuando se unen el arte y el erotismo. Hay instantes extáticos a los que no se sobrevive porque después la vida cotidiana se hace ya insoportable. A este respecto Nietzsche usará la expresión "cumbres de arrobamiento". Tannhäuser, según la redacción de Tieck, intenta contar este asunto a su amigo Friedrich. Hace una pausa y besa al amigo. A la mañana siguiente su mujer está muerta y Tannhäuser ha desaparecido. Pero aquel beso ha dejado a Friedrich fuera de sí:
"Corrió a escapar con incomprensible prisa, para buscar la montaña mágica y a Tannhäuser, y desde entonces no lo volvieron a ver. La gente decía que quien recibe un beso de alguien de la montaña es presa de una atracción irresistible, que con poder mágico lo arrastra los abismos subterráneos".
(23) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro..., pp. 130 y 298.
(24) Eurípides, Hipólito, Gredos, Madird, 1991, v. 75 y 76, p. 328.
(25) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100:
"En el fragmento sobre Empédocles, Nietzsche, cita muy especialmente las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra sólo como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal "Corina". Existe una Corina histórica, fue una poetisa beocia que vino a Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.
Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima".
(26) Friedrich Schiller, Cartas sobre la educación estética del hombre, carta decimoquinta. Citado por Rüdiger Safranski, El Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 42.

domingo, 28 de marzo de 2010

Crónica del enamoramiento de Nietzsche por Lou Andreas Salomé

Iván Rodrigo García Palacios

Crónica del enamoramiento
de Nietzsche
por Lou Andreas Salomé
y Así habló Zaratustra

La verdadera historia de los dos grandes enamoramientos de Friedrich Nietzsche, el por Cósima Wagner y el por Lou Andreas Salomé, fue contada por él como un enigma en Así habló Zaratustra y en todo lo que escribió desde entonces y hasta su colapso mental a principios de 1890.
Los biógrafos han sido prolijos en sus informaciones sobre estos y otros enamoramientos de Nietzsche, aunque cautos al momento de atribuirles los profundos efectos que ellos tuvieron sobre su existencia, su pensamiento y su obra, contraviniendo la propia recomendación que hiciera Nietzsche sobre cómo considerar la vida y la obra del filósofo.
Nietzsche así se lo escribió, primero, a Lou Andreas Salomé, en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882, cuatro meses antes de escribir Así habló Zaratustra:
"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (1).
Y volvió a ratificarlo, luego de escribir Así habló Zaratustra, en Más allá del bien y el mal:
"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía: una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas" (Más allá del bien y el mal, Sección primera. De los prejuicios de los filósofos).
De las mujeres a las que Nietzsche propuso matrimonio, salvo Lou, todas ellas fueron propuestas matrimoniales convencionales y por la necesidad de cumplir con los preceptos sociales de su época.
A Cósima ni siquiera se imaginó en proponerle matrimonio, aun cuando si soñara con poseerla en su propio Olimpo. Ella era la mujer inaccesible, la esposa de Wagner, ese otro dios que, junto con Ariadna, Dionisios y otros dioses, conformaron su cosmología.
Cósima fue el enamoramiento sagrado y trágico y la causa del estro amoroso y creativo que provocara la compulsión de escribir las obras que le dedicara a Wagner y, herméticamente, a ella, como lo reconocen sus biógrafos.
Lou fue el enamoramiento estelar y cósmico, heroico y cómico, el estro amoroso y creativo que le provocara la compulsión de escribir Así habló Zaratustra y la "filosofía del futuro" que Zaratustra anuncia, lo que los biógrafos soslayan reconocer.
El impacto de los enamoramientos de Nietzsche por Cósima y por Lou fue de tal naturaleza y profundidad en su ser que, en los tiempos previos a su colapso mental, las funde y confunde en una y única Ariadna, aquella a la que Dionisios desposó en la Isla de Naxos, luego de ser abandonada por Teseo.
Ya que el enamoramiento de Nietzsche por Cósima ha sido mejor documentado y juzgado, voy a contar mi propia crónica del enamoramiento por Lou.



El enamoramiento de Nietzsche por Lou se desató en la catedral de San Pedro en Roma, el 25 de abril de 1882, cuando Nietzsche, en aquel momento estelar y cósmico en el que, como el Acteón bruniano, contempla a "su Diana", es convertido de cazador en presa y comienza a vivir la vida de los dioses: el estro amoroso y creativo:
"¿De qué estrellas venimos y hemos caído para encontrarnos aquí?" (2).
Si bien, ese fue el momento fulgurante en el que se desata el enamoramiento, antes que ello suceda, deben presentarse las condiciones y circunstancias propias y necesarias en cada individuo, para que se les revele tal "visión" y se genere tal trasformación.
Esto fue lo que sucedió a Nietzsche:
Primero. Desde el violento rompimiento de sus relaciones con los Wagner, su retiro de la cátedra en Basilea y su empeño por "ir más allá" de Schopenhauer y su obra inspirada por esa filosofía: Humano, demasiado humano, Nietzsche venía padeciendo el dolor de sus enfermedades y la desazón de su tragedia amorosa, las que trataba de hacer menos dolorosas refugiándose en la escritura.
Segundo. Para ese momento de Roma y desde nueve meses antes, Nietzsche estaba padeciendo, además de sus enfermedades crónicas, el desasosiego existencial previo y necesario a la emergencia del "Estado naciente" (3).
Tercero. Coincidencia asombrosa es el que Lou, una joven y bella muchacha rusa de apenas de veintiún años de edad, ya era, al momento de su encuentro con Rée y Nietzsche, una inquieta buscadora de conocimiento, avanzada estudiosa de la filosofía, de asuntos sobre las religiones y del sentido religioso de la vida, de la literatura y ya había inspirado su pensamiento filosófico y asumido para su proyecto de vida, las ideas de Spinoza, las que desarrollará de forma propia y original hasta el final de su vida, como lo anota Pilar García Pardo en su estudio sobre Lou:
"Lou empezó en Rusia, y continuó en Zurich, una profunda lectura de Spinoza, que la atrajo especialmente, sintiendo que su filosofía coincidía en gran parte con las ideas que ella se había ido elaborando desde la infancia.
Asume la equivalencia entre naturaleza y Dios. El Dios de Spinoza estaría del lado de Dios en su función simbólica. Ese Dios cuyas leyes son las de la naturaleza, no son transgredibles. Es un Dios asimilado a lo puramente simbólico, a la virtud significante. A ese Dios el hombre no puede complacer ni disgustar, por ello no requiere sacrificios.
Siguiendo esta línea de pensamiento, Lou aún con ese espíritu místico, religioso, fue tan crítica con todas las prácticas religiosas.
(...)
Lou estudió con Gillot al principio historia y filosofía de la religión, más tarde lecturas de filosofía. Su relación fue de discípula, colaboradora y amante platónica. Con Gillot estudió a Kant, a Spinoza, que se convertiría en su filósofo de referencia, y a los filósofos moralistas franceses. Se familiarizó con todas estas lecturas de tal forma que sorprenderá más adelante a Paul Rée y a Nietzsche" (4).
La crónica del enamoramiento de Nietzsche por Lou, es la siguiente:
Como remedio para sus sufrimientos, para Nietzsche la escritura era la mejor terapia existencial y fisiológica. Y eso es lo que hace al escribir El viajero y su sombra y a continuación, Aurora. Esta última la concluye en abril de 1881 y de inmediato se propone continuarla en otros tres libros, los cuales se convertirán en los tres primeros libros de la Gaya ciencia. Ya y con ese título, en enero de 1882 empieza a escribir el libro cuarto, el cual lo concluye el 24 de junio de ese mismo año. El libro con estas cuatro partes aparece impreso el 20 de agosto.
El quinto libro de la Gaya ciencia lo escribirá a partir del segundo semestre de 1882, pero sólo será agregado a la obra en 1886, cuando Nietzsche autoriza la reedición de sus obras, con nuevos prólogos y con otro editor, para solventar su precaria situación económica.
La terapia, con la escritura y publicación de Aurora, produjo efectos positivos, porque de inmediato Nietzsche se mostró interesado por asuntos, temas y materias en los cuales encontraba ideas que le mostraban un nuevo camino para ir "más allá" de la filosofía de Schopenhauer, así como del influjo de Wagner, Cósima y su vida pasada.
Nietzsche se interesa por las teorías científicas de esa época. Por un lado, aquellas que desvelaban la naturaleza física del universo y su dinámica y, por el otro, la polémica desatada por las teorías de la evolución de Darwin y la interpretación psicológica y sociológica de Spencer al evolucionismo darwiniano.
A lo anterior, Nietzsche retorna y suma, con nuevos ojos, a Spinoza, esa filosofía que había compartido con Paul Rée hacía algunos años y a la que también Schopenhauer conectaba con la suya. Es posible pensar que Nietzsche buscaba en Spinoza alivio para sus males e inspiración para dominar sus afectos, "los afectos spinozianos".
Serán esas informaciones científicas y la filosofía de Spinoza los detonantes y catalizadores de la trasformación que se sucederá en Nietzsche, porque, a partir de ese momento, su estado de desazón fisiológico-anímica, se convierte en estado de desasosiego, esa sensación de estreches y asfixia existencial en el que se buscan salidas y se presienten nuevos horizontes, ese estado previo a la explosión de un enamoramiento.
Estos sucesos son presentados por Curt Paul Janz, en su biografía de Nietzsche:

"FASCINACIÓN POR SPINOZA
Por esta época (junio de 1881) pide a Overbeek que le saque de la biblioteca de Basilea, entre otros libros, «el tomo de Kuno Fischer sobre Spinoza». Ya Nietzsche había sacado tiempo atrás de la biblioteca la «Historia de la nueva filosofía», del profesor heidelbergense de filosofía Kuno Fischer (1824-1907), así como sus conferencias de 1860, «Vida y obra de Kant» e «I. Kant, desarrollo, historia y sistema de la filosofía crítica»; su conocimiento de Kant lo obtuvo, sobre todo, a través de Fischer. Probablemente entonces conociera también la exposición de Fischer de la filosofía del solitario Baruch Spinoza, rechazado por su comunidad judía a causa de sus ideas herético- ilustradoras. Ahora vuelve a tomar ese libro, la segunda parte del primer tomo, que contiene la «Escuela de Descartes» y, precisamente, «Spinoza». Overbeck procuró todo ello a vuelta de correo; Nietzsche comenzó inmediatamente a leerlo y el 30 de julio hace a Overbeck, en una tarjeta postal, esta importante confesión: «¡Estoy totalmente admirado, totalmente fascinado! ¡Tengo un predecesor, y vaya uno! Casi no conocía a Spinoza: lo que ahora me llevó a él fue una 'acción instintiva'. No sólo su orientación general es semejante a la mía -hacer del conocimiento el afecto más poderoso-, sino que, además, yo mismo me reconozco en cinco puntos fundamentales de su doctrina; este pensador, el más anómalo y solitario, me resulta más cercano en lo siguiente: niega la libertad-; los fines--; el orden ético del mundo-; la falta de egoísmo-; el mal-; aunque es verdad que las disparidades son grandes, se debe más bien a diferencias de tiempo, de cultura, de ciencia. In summa: mi soledad, que a menudo, como sucede sobre las cimas muy altas, me producía sofocos y hacía que la sangre afluyera por todas partes, resulta ahora, al menos, compartida con otro» (5).
Como consecuencia de lo anterior, no puede ser coincidencia el que Nietzsche concibiera el pensamiento del eterno retorno el 6 de agosto de 1881, frente a la roca de Surlej.
Aquel día, Nietzsche contempló, con pasmo, terror y alegría, "la tierra prometida" y hacia ella dirige los pasos de su pensamiento. Al principio, con "la cautela spinoziana", ni se atreve a revelarlo a sus más cercanos amigos, sólo les comparte su exaltación.
Así, por ejemplo, se lo comunica a Peter Gast el 14 de Agosto de 1881, en la primera de unas cuantas cartas que le escribe en el final de ese año de 1881:
“¡Y bien, mi querido buen amigo! El sol de Agosto está sobre nosotros, el año corre hacia su fin, sobre las montañas y los bosques desciende el mayor de los silencios y la mayor paz. En mi horizonte han surgido pensamientos como nunca hasta ahora he avistado, - de ello no quiero hablar en absoluto, y mantenerme a mí mismo en una inquebrantable serenidad. ¡Tengo que, vivir todavía algunos años!”.
Tal y como lo acostumbra, Nietzsche, de inmediato escribe un primer proyecto para un libro que titula: El eterno retorno de lo mismo, el cual retoma y modifica entre diciembre de 1882 y enero de 1883, esta vez con el mismo título pero con el siguiente subtítulo: Un libro de la profecía, justo antes de escribir la primera parte de Así habló Zaratustra.
También y hasta el final de 1881, Nietzsche comienza a escribir los primeros apuntes de El eterno retorno de lo mismo, al mismo tiempo que escribe otros tres apartes para agregar a su libro Aurora, ya concluido en abril, pero los cuales se trasformarán en los tres primeros libros de la Gaya ciencia. Entre esos apuntes, aparecen unos cuantos y breves apuntes referidos a Zaratustra, tal y como aparecen en la edición crítica de sus obras realizada por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, a partir de 1967.
En enero de 1882, Nietzsche comienza a escribir el libro cuarto de la Gaya ciencia, para concluir el 24 de junio bajo los influjos de su enamoramiento por Lou y es, precisamente, en los dos últimos aforismos de este libro en el que por primera vez anuncia públicamente, primero, su pensamiento del eterno retorno de los mismo, aforismo 341 y, segundo, el nacimiento de Zaratustra, aforismo 342, que se inspira en uno de los apuntes de finales de 1881:
“Zaratustra, nacido a orillas del lago Urmi, abandonó a los treinta años su patria, marchó a la Provincia Aria, y en los diez años de su soledad en las montañas compuso el Zend-Avesta.” (“Nachgelassene -Fragmente”, ‘Frühjahr-Herbst 1881’; KGW, V, 11 [195], 417).
“Cuando Zaratustra quiso conmover a la multitud, entonces debió ser su propio comediante.”
“La ociosidad de Zaratustra es el origen de todos los vicios.” (“Nachgelassene Fragmente”, ‘Herbst 1881’; KGW,V, 12 [112], 494).
“Tú contradices hoy lo que ayer habías enseñado - Pero eso era ayer, no hoy, dijo Zaratustra.” (“Nachgelassene Fragmente”, ‘Herbst 1881’; KGW, V, 12 [128] , 496).
Algunos de los motivos de estos apuntes serán empleados por Nietzsche en la escritura de Así habló Zaratustra.

Se puede decir que allí, en esos apuntes, se encuentra el nacimiento de Zaratustra: El Señor de las ideas del eterno retorno de lo mismo y El Maestro del Superhombre.
Pero, antes y para que Zaratustra sea gestado en plenitud, tendrá que presentarse el evento de su enamoramiento por Lou, para que, en esa colisión cósmica y solar, se encienda "el furor" y destelle la luminosa corona que Dionisios regala a Ariadna, aquella que en el mito es el motivo de la venganza y del engaño de la sabiduría (6). Y con todo ello se desvele y se provoque la escritura de Así habló Zaratustra.
Será, a partir del primer encuentro con Lou, el 25 de abril de 1882, y ya poseído por el alborozo y "el furor" del enamoramiento, del estro amoroso y creativo que se le desató ese día al contemplar a Lou en la catedral de San Pedro en Roma, cuando Nietzsche se decide hablar de su "filosofía del futuro" y es a ella, a la única, con la que la comparte y a quien se la ofrenda:
"Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien".

"[...]
Estuve inclinado a considerarla como la visión y aparición de un ideal sobre la tierra. ¿Lo notó? veo muy mal" (D, p. 185-186) (7).
Luego de ese primer encuentro, los tres permanecieron en Roma por cuatro o cinco días más. Paul Rée y Nietzsche compartían alojamiento en la casa de Malwida von Meysenbug, Lou se hospedaba en otro lugar con su madre.
Son esos los días y noches que Nietzsche rememorará en la La canción de la noche en los cantos de los surtidores de las fuentes romanas:
"Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.
Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante" (Así habló Zaratustra, II, La canción de la noche).
La intensidad intelectual y emocional de esos cuatro o cinco días debió ser suprema y magnífica. La confluencia de sus intereses comunes y compartidos por estudiar y desarrollar sus propias y originales propuestas filosóficas a partir de la sabiduría de los antiguos griegos y orientales, de las ideas y la historia de las religiones, de Spinoza, de los recientes desarrollos del conocimiento científico y muchos otros asuntos, debió desatarles "el furor" y el entusiasmo por un inmediato y luminoso futuro (8). Nietzsche, es la fuente de sabiduría y pasión; Lou, es el enigma que él proponen en Ecce homo:
"La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna...".
Rée, a quien habían llamado "el pequeño Spinoza", fue quien invitó a Nietzsche, propiciando el encuentro. También él se enamoró de Lou durante los días que compartió con ella antes de la la llegada de Nietzsche a Roma, por ello sentía celos del amigo.
Ella, fascinada con esa comunión espiritual y filosófica, "soñó" con conformar una comunidad de camaradas de trabajo en total libertad y ajena a relaciones amorosas, idea que ya había compartido con Rée y en la que incluyeron a Nietzsche:
"(...) hacerle comprender bien a Rée que mi vida amorosa "concluida para siempre" me inducía a un total afán de libertad sin límites" (D. p. 69).
(...)
"Con honradez lo que me convenció de manera más inmediata de que mi plan que era una afrenta a las costumbres sociales entonces vigentes era realizable, fue ante todo un simple sueño nocturno. En él vi un cuarto de trabajo agradable, lleno de libros y de flores, flanqueado por dos dormitorios y, yendo y viniendo entre ambos, nosotros, camaradas de trabajo formando un círculo alegre y serio" (Lou Andreas Salomé, Recuerdos de mi vida, D. p. 69-70).
El enamoramiento y las necesidades emocionales y afectivas de Nietzsche, lo impulsaron a proponerle matrimonio a Lou, cometiendo la imprudencia de solicitarle a Rée que actuara de intermediario.
Lou rechazó de inmediato la propuesta, pero aceptó continuar con la idea de "su sueño" y se avino a realizar el viaje a Orta que Nietzsche les propuso.
Fue allí, en Orta, en el lago de la localidad y en le pequeño monte del islote de San Giulio, llamado Monte Sacro, que el 5 de mayo de 1882, Nietzsche, además de ofrecerle como regalo "el eterno retorno" y su "filosofía del futuro", acosa a Lou con sus pretensiones amorosas.
Al final de sus días, Lou dijo:
"¿Si besé a Nietzsche en Monte Sacro? Ya no lo sé" (9).
Es indudable que si se besaron. Ese beso debió tener el "poder mágico" de los besos de los habitantes de la montaña de Venus que enajenan a quienes ellos besan, según el motivo romántico de Tannhäuser y wagneirano de Nibelungos, tal como le ocurrió a Nietzsche (10).
Los recuerdos de los días de Roma y muy en particular de ese día en Monte Sacro, serán sueño y pesadilla para Nietzsche por el resto de sus días.
Ya en los días y noches felices de Tautemburg, Nietzsche sintió la necesidad de reinstaurar el sentimiento de aquellos recuerdos, tal y como Lou le comentó a Paul Rée en el diario que escribiera allí para él, señalando la aprehensión que Nietzsche sentía por ello:
“El recuerdo de nuestra época italiana nos viene a menudo a la memoria... mientras subíamos por la senda estrecha, dijo en voz baja: " Monte sacro, te doy las gracias por el sueño más fascinante de mi vida” (D. Diario para Rée, p. 125).
El que el día del paseo a Monte Sacro, Lou y Nietzsche, se tardaran en regresar, causó el disgusto de Rée y de la madre de Lou. Sin embargo, al separase, los cuatro aceptaron volver a reunirse unos días después en Lucerna, entre el 13 y el 16 de mayo de 1882.
En Lucerna, Nietzsche vuelve a proponerle matrimonio, esta vez por él mismo, Lou vuelve a rechazarlo y deciden continuar como amigos y seguir con los planes de su comunidad de camaradas.
De estos tres o cuatro días que Lou, su madre, Rée y Nietzsche, pasan en Lucerna, queda la célebre fotografía de Jules Bonet, la que Nietzsche insistió en que se tomaran y que él mismo coreografío, para disgusto de Rée y con la crítica por el mal gusto, por parte de Lou. En ella aparecen: Lou con un látigo en la mano derecha, montada sobre un pequeño carro de tiro y Nietzsche y Rée uncidos y controlados por las bridas que ella maneja con su mano izquierda.



A esa fotografía, Curt Paul Janz le da la siguiente interpretación:

"MENSAJE OCULTO DE NIETZSCHE EN LA FOTOGRAFÍA
Pero la trágica ironía que en la fotografía se nos muestra no puede despacharse con un rápido juicio de gusto. En realidad era Lou la que intentaba uncir a los dos hombres a su carreta, y ambos filósofos se sometieron. Pero hay que tener presente de nuevo la cercanía de Tribschen, es decir de Wagner.
En las «Walkirias», al comienzo del acto II, Brünnhilde dirige a Wotan las siguientes palabra:
«Te aconsejo, padre,
que te prepares tú mismo;
dura tempestad
has de vencer.
Fricka, tu mujer, se acerca
en el carro con la yunta de carneros.
¡Ea, cómo blande
la fusta dorada!
Las pobres bestias
gimen de miedo;
furiosamente rechinan las ruedas;» (11).
Si bien, la intención de Nietzsche se corresponde con la interpretación de Janz, es necesario tener en cuenta otra interpretación, esta vez relacionada con la coreografía y en lo que ésta se pueda conectar con la antigua leyenda de Aristóteles y Herpyllis, la que fue motivo tradicional para los artistas de la Alta Edad Media y la modernidad temprana (12), y que Nietzsche debía conocer bien.
Un buen ejemplo es la xilografía de Hans Baldung Grien, La Belleza hostiga con su fusta a la sabiduría, en 1513:



¿Fue esa la forma mediante la que Nietzsche quiso expresarle a Lou la naturaleza de sus relaciones? ¿Quién puede conocer el corazón de un enamorado?
De Lucerna, Lou, su madre y Rée, parten hacia Stibbe, donde se instalan, con la oposición de la madre de Lou pero con la complicidad de la madre de Rée.
Nietzsche continúa su destino errante y se dedica a concluir la cuarta parte de la Gaya ciencia y a preparar el manuscrito del libro para la imprenta, el cual queda terminado el 24 de junio y sale impreso el 20 de agosto de 1882. Lo que será un feliz regalo de despedida a los días y noches felices del "idilio de Tautemburg".
Luego de los días en Lucerna y de un fallido intento de Nietzsche por reunirse con Lou en Berlín, a finales de junio, porque quería mostrarle el manuscrito de la Gaya ciencia, al fin y superando todas las dificultades, acuerdan pasar unos días juntos durante el mes de agosto en Tautenburg.
El viaje de Lou a Tautenburg, a donde arriba, para felicidad de Nietzsche, el 7 de agosto de 1882, estuvo precedido de inconvenientes y conflictos. Primero, las dudas y desgano de Lou. Segundo, la oposición de las dos madres y de Elizabeth, la hermana de Nietzsche. Tercero, la cruenta discusión que durante el viaje sostuvieron Lou y Elizabeth en Jena, incidente de inmediatas consecuencias favorables, porque logró que Elizabeth se mantuviera alejada de ellos durante el tiempo que Lou permaneció en Tautemburg, pero desastroso y dañino en adelante. Elizabeth no perdonará jamás a Lou y tratará, por todos los medios, desacreditarla y condenarla al ostracismo social en Alemania.
A pesar de todo ello, la permanencia de Lou en Tautemburg, del 7 al 26 de agosto de 1882, sería considerado como "el idilio de Tautemburg", porque y a pensar de la ardorosa insistencia de Nietzsche por seducirla o, al menos, por convertirla en su discípula exclusiva, esos fueron los días y noches felices durante los cuales Nietzsche maduró las materias de las que luego se engendrará Así habló Zaratustra y Lou conocerá al Nietzsche, vida y obra que en 1894 expondrá en su libro sobre él.
De que esto fue así, debe abducirse de los únicos testimonios escritos de esos días que sobrevivieron a la hoguera que Lou y Rée hicieron para incinerar muchas de las cartas, las más comprometedoras, de Nietzsche y a la posterior y malintencionada censura de Elizabeth del archivo de Nietzsche.
Estos materiales son: las cartas-diario que Lou se comprometió a escribirle a Rée, las anotaciones y a aforismos conservados del Libro de Stibbe, escrito a cuatro manos y cuyo nombre literal es Libro del nido de Stibbe y, finalmente, las cartas, notas y comentarios que Nietzsche le escribió a Lou sobre su escritura y sobre los asuntos que a ella le interesaban.
Estos testimonios se pueden consultar en el libro: Documentos de un encuentro, una selección realizada por Ernst Pfeiffer, el albacea del archivo de Lou.
Los de Tautemburg, fueron días y noches felices en los que el enamoramiento hizo de Nietzsche un enamorado heroico, hasta el punto de desplegar una gran fortaleza física y de no sentir los quebrantos y dolores de sus enfermedades crónicas. Lou, por su parte, tuvo a su disposición exclusiva al gran maestro que entusiasmado se propuso esculpir su mente y sensibilidad, no sólo exhibiéndole la génesis de su pensamiento, si no puliendo sus dones y talentos, tal y como ella se lo narra a Rée en sus cartas-diario de Tautemburg. Esto le escribe en una de ellas:
«En estas tres semanas hemos conversado hasta el agotamiento; curiosamente él aguanta ahora cerca de diez horas diarias de charla. En nuestras veladas, cuando la lámpara, vendada como un inválido con un paño rojo para que no dañe sus pobres ojos, arroja sólo un débil resplandor por el cuarto, siempre llegamos a hablar de trabajos en común... Sorprendente que en nuestras conversaciones aboquemos involuntariamente al borde de abismos, a aquellos lugares de vértigo adonde alguna vez se ha subido en solitario para mirar desde allí a lo profundo. Siempre hemos elegido los caminos de gamuzas, y si alguien nos hubiera escuchado, habría creído que eran dos diablos los que conversaban.»
También compusieron juntos aforismos que Lou inventaba y Nietzsche corregía o completaba" (13).
La historia de esos días y noches felices es fascinante y amerita un estudio más completo que permita contemplar el poder del enamoramiento y el despliegue de "los furores" del estro amoroso y creativo. Para Nietzsche, los de la contemplación de "su Diana" y la gestación de Zaratustra. Para Lou la gestación de su destino.
Después de la partida de Lou de Tautemburg, el 26 de agosto de 1882, Elizabeth inicia contra ella una campaña de intrigas y maledicencias con tal encono y vulgaridad y en la que sólo le faltó acusarla de "judía", campaña en la que persistió hasta el final de sus días.
Las relaciones entre Nietzsche, Lou y Rée, prácticamente quedan rotas y sólo se comunican por medio de las cartas doloridas de él, algunas de ellas se quedaron en borrador y nunca fueron enviadas. Las respuestas de Lou, frías e indiferentes, otras, nunca fueron respondidas, aun cuando ella nunca dejo de preocuparse por el estado anímico y fisiológico de él hasta el último día.
Del 20 de diciembre es este borrador de carta dirigido a Rée y Lou:
"Esta tarde tomaré opio hasta perder la razón... No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Qué les importa a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente".
Nietzsche, Lou y Rée sólo volverán a sostener un breve y nada amistoso encuentro a finales de septiembre de 1882 en Lepzig. Será el último y, aunque se presentaron ocasiones de reconciliación, Nietzsche confesaría después que, por algo que él había hecho en contra de ella y que permanece en el misterio, aquella reconciliación era imposible.
En diciembre de 1882, Nietzsche se instala en Rapallo en medio de los tormentos de su ánimo y cuerpo enfermos, hasta que, el 1 de febrero de 1883, inicia la escritura de Así habló Zaratustra.
Y, el 11 de febrero de 1883, anuncio del feliz alumbramiento, cuando su amigo Franz Overbeck, en Basilea, recibe la carta de un gozoso Nietzsche que le comunica, desde Rapallo, el nacimiento, así como la misión y características de Así habló Zaratustra:
"El libro del que te hablé, cosa de 10 días, se me aparece ahora como mi testamento. Contiene un retrato extraordinariamente preciso de lo que será mí ser tan pronto como se haya liberado de toda su carga. Es un poema y no una colección de aforismos" (D, pp. 208-209).
Había nacido: "¡Zaratustra, mi hijo!".

Y, con Zaratustra, una larga historia de interpretaciones y polémicas que perduran hasta ahora. Esta es parte de la historia que cuenta Curt Paul Janz en su biografía:
"Nietzsche tenía acabadas la 1ª y la 2ª partes de Así habló Zaratustra en Febrero de 1883. La 3ª la finalizará en Enero de 1884. De todos modos, en febrero de 1885 añadirá una 4ª parte y todavía hará planes para una V y una VII que no llegará a realizar pues concebirá nuevas ideas que ya no entran dentro del proyecto artístico del Zaratustra. Este había ido creciendo trozo a trozo como una torre, lo que lleva a muchos a pensar que concibió su obra como una sinfonía. Por su parte Köselitz coloca el libro en la serie de los escritos sagrados. Para otros, sin embargo, Nietzsche se limitaría a plagiar el Prometeo de Carl Spitteler; y el problema es que el mismo Spitteler lo creía tambien. Para justificar su creencia se apoyaba en la tesis de Weingartner. Sin embargo, el problema es que éste no da prueba alguna que justifique que Nietzsche conoció el Prometeo de Spitteler aparecido en 1881. Lo único que señala como verosímil es el paralelismo de los animales acompañantes en ambos autores: en Spitteler el león y el perrito; en Nietzsche el águila y la serpiente. Pero incluso aquí, el origen de los animales de Nietzsche habría que buscarlo en otras fuentes.
En relación con el personaje de Zaratustra, es muy probable que Nietzsche sea deudor de la Simbólica de Friedrich Creuzer. Acerca del por qué Nietzsche decide hacer de ese personaje el abanderado de su obra, habría que escuchar primeramente lo que el mismo Nietzsche nos dice en Ecce homo. De todas formas, esta explicación no parece convincente en el contexto de su pensamiento.
Por lo que se refiere a la idea del eterno retorno las explicaciones que se han hecho han sido muchas y lo seguirán siendo. Ya en 1895 Rudolf Steinner avanzó la tesis de que el eterno retorno había surgido en Nietzsche como contraposición a las lecturas que había hecho sobre el Curso de filosofía de Dühring, a lo que Naumann se opuso frontalmente haciendo referencia a la necesidad de tener en cuenta otros testimonios. Naumann avanzó también la hipótesis sobre el significado de la idea del Superhombre. De todos modos, aún hoy, tanto el eterno el retorno como el superhombre ofrecen grandes dificultades en su interpretación.
Otra cuestión debatida se refiere al puesto que ocupa el Zaratustra en la obra total de Nietzsche. Llama la atención el hecho de que esta obra aparece como aislada en la totalidad de la misma. Sin embargo, aunque esto parece ser cierto, lo evidente es que con esta obra, y sus ideas sobre la muerte de Dios, el eterno retorno y el superhombre, lo que Nietsche consigue es situarse en un nuevo plano de partida con el que comenzar el largo camino de la transvolaración de todos los valores.
Por último, ¿es Zaratustra el hijo intelectual de Nietzsche o el mismo Nietzsche?" (14).
Pero, interpretaciones y polémicas aparte, Así habló Zaratustra, es apenas el inicio de la aventura de Zaratustra mismo. Desde ese momento y hasta el final de los días delirantes de Nietzsche en Turín, él se encarna y encarna sus ideas y su misión en Zaratustra y en todos los motivos y figuras de su panteón cosmológico y mitológico.

Para finalizar esta crónica, ya puedo decir con Nietzsche:
"Escribí para mi mismo" ("Mihi ipsi scripsi").
Y para todos los amantes de Lou Andreas Salomé.

NOTAS
(1) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 163.
(2) Lou Andreas Salomé, Mirada retrospectiva, Documentos de un encuentro..., p. 76.
(3) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(4) Pilar García Pardo, Vida y obra de Lou Andreas Salomé. Una aportación al estudio psicoanalítico de la feminidad, Memoria para optar al grado de doctor, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Filosofía, Departamento de Filosofía IV, 2009.
Buscar en Google: eprints.ucm.es/9758/1/T31549.pdf
(5) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888),
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:
(6) Giorgio Colli, La sabiduría griega, Trotta, Madrid, 2008, pp. 18-19.
(7) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 185-186. De ahora en adelante las citas de este libro se identifican en el texto como D.
(8) Iván Rodrigo García Palacios, Presencias de Bruno y Spinoza en el enamoramiento de Nietzsche:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
(9) H. F. Peters, Mi hermana, mi esposa, la vida de Lou Andreas-Salomé, Plaza & Janés, Barcelona, 1980, pp. 94, 95, 96.
(10) Rüdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 94.
Aquí, indudablemente se conectan y corresponden los mitos de los primitivos románticos: Ludwig Tieck, Tannhäuser y, con posterioridad, Wagner, Nibelungos, Tannhäuser, como puede abducirse de lo que escribe Rüdiger Safranski:
"El relato de Tieck sobre los atractivos de la montaña de Venus se convirtió en una cantera para posteriores elaboraciones, sobre todo la de Wagner. Pero ante todo, Tieck ha continuado un motivo presente en El rubio Eckbert, a saber, la experiencia de que hay secretos que es mejor dejar "perdidos en la noche". En Tannhäuser el secreto se refiere al embrujo peligroso cuando se unen el arte y el erotismo. Hay instantes extáticos a los que no se sobrevive porque después la vida cotidiana se hace ya insoportable. A este respecto Nietzsche usará la expresión "cumbres de arrobamiento". Tannhäuser, según la redacción de Tieck, intenta contar este asunto a su amigo Friedrich. Hace una pausa y besa al amigo. A la mañana siguiente su mujer está muerta y Tannhäuser ha desaparecido. Pero aquel beso ha dejado a Friedrich fuera de sí:
"Corrió a escapar con incomprensible prisa, para buscar la montaña mágica y a Tannhäuser, y desde entonces no lo volvieron a ver. La gente decía que quien recibe un beso de alguien de la montaña es presa de una atracción irresistible, que con poder mágico lo arrastra los abismos subterráneos".
(11) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888),
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:
(12) El tema de Aristóteles sometido y cabalgado por la hetaira ateniense Herpyllis, fue motivo para un buen número de artistas de la Alta Edad Media y la temprana modernidad, entre ellos Hans Baldung Grien, Lucas van Leyden, Alberto Durero, Lucas Cranach El viejo (1472-1553), Jan de Beer (1450-1536), Hans Burgkmair El viejo (1519), Hans Holbein El joven (1522), Hans Brosamer (1520-1551), Wenzel von Olmütz (1485-1500).
También existe una versión de ese motivo realizada por Oskar Kokoschka en 1913 y titulada Aristóteles y Herpyllis:


Ver: marinni.livejournal.com/435140.html
(13) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888),
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:
(14) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888),
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:
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