martes, 13 de julio de 2010

Nietzsche: El enigma de Ariadna

Iván Rodrigo García Palacios

Las máscaras de Nietzsche enamorado:
Dionisios, Empédocles y Zaratustra.
Ariadna: la amada inmortal

- El origen y el enigma de Zaratustra

Para Friedrich Nietzsche la máscara fue una representación de Dionisios en la tragedia griega, tal y como lo interpretó en los textos previos y en su libro de 1872, El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música. Pero también,
"(...) además de una cuestión profundamente personal",
como lo afirmó, de ese mismo libro, en el Ensayo de autocrítica de 1886.
Nietzsche fue un hombre de máscaras y en su obra fueron importante motivo. Toda su vida estuvo marcada y condicionada por estas, bien por necesidad psicológica y social como forma de autorepresentarse o bien como una forma de expresión artística, filosófica y religiosa o bien como una forma deliberada para ocultar o disfrazar sus pensamientos y sentimientos.
Las máscaras más conocidas y documentadas de Nietzsche, sobre las cuales es posible contar una historia, así sea sólo como hipótesis descabelladas, fueron las de Dionisios-Empédocles y Ariadna, en el enamoramiento por Cósima Wagner y Dionisios-Empédocles-Zaratustra y, de nuevo, Ariadna, en el enamoramiento por Lou Andreas Salomé.
Pero, ¿por qué Dionisios, Empédocles, Zaratustra, Ariadna?
Como filólogo, Nietzsche se sumerge, por una parte, en sus estudios de la antigüedad clásica: Grecia, el helenismo, Roma y los latinos y, por la otra, sobre aquellos poetas, estudiosos y filósofos alemanes de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX que retornaron a esas fuentes clásicas en la búsqueda de un ideal y de un Renacimiento para Alemania. Además, es a partir de esos asuntos que inicia su reflexión filosófica. Es por ello que sobre esos asuntos Nietzsche ejercita su actividad como profesor.
Para empezar, es necesario esclarecer la relación de Nietzsche con Dionisios, Ariadna y la antigüedad clásica. Como punto de referencia recurro a la interpretación que hizo Giorgio Colli sobre esa antigüedad y en la cual reinterpreta el modelo propuesto por Nietzsche, no para controvertirlo, si no para invertirlo:
"Nietzsche parte, como se sabe, de las imágenes de dos dioses griegos, Dionisos y Apolo, y por medio de la profundización de los conceptos de dionisiaco y apolíneo, delinea ante todo una doctrina sobre el surgimiento y la decadencia de la tragedia griega, luego una interpretación global del helenismo y finalmente una nueva visión del mundo. Ahora bien una perspectiva parece abrirse si, en lugar del nacimiento de la tragedia, se considera el origen de la sabiduría.
Son también los mismos dioses, Apolo y Dionisos, los que se encuentran si remontamos por los senderos de la sabiduría griega. En este campo, sin embargo, la caracterización de Nietzsche llega a modificarse, además de que la preeminencia se concede a Apolo más bien que a Dionisos. De hecho, al dios de Delfos, más que a otro, hay que atribuirle el dominio sobre la sabiduría" (1).
Como es bien conocido, Nietzsche propone una original interpretación sobre el origen de la tragedia griega a partir de las figuras de los dioses Dionisios y Apolo y, a partir de ellos, los impulsos: lo "dionisiaco de lo apolíneo", los mismos que ya estaban prefigurados en Hölderlin: Hiperión, Empédocles, Pan y vino, etc., como lo escribiera Hans-Georg Gadamer:
"(...) Hölderlin, el precursor del descubrimiento nietzscheano del sustrato dionisíaco de lo apolíneo en la cultura griega" (2).
En general, esta parte de la historia de la vida de Nietzsche está bien probada y documentada; sin embargo y para la historia de las máscaras que él asumió para sí y que voy a contar más adelante, es necesario aclarar un asunto que los biógrafos apenas sugieren, porque el mismo Nietzsche lo ocultó, al igual que lo hizo con algunos otros: sus conexiones y correspondencias con la vida y la obra de Hölderlin.
Bien se sabe que Nietzsche admiró y estudió con profundidad la vida y la obra de Hölderlin y son variadas las interpretaciones sobre la influencia y el uso que Nietzsche hizo de ello, específicamente para su interpretación de lo dionisiaco y apolíneo, así como en su libro El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música.
Sin embargo, las conexiones de la vida y las obras de Hölderlin con la escritura del drama de Nietzsche, Empédocles de 1870, así como con la figura y motivos que en 1882 harán parte de Zaratustra, son asuntos que se han tratado con reserva y temor.
Debo anotar que Nietzsche admiró entrañablemente a Hölderlin y a su obra, pero debió atemorizarlo su trágico destino como para atreverse a reconocerlo y trasponerlo como el modelo para una de sus máscaras. Nietzsche contempló con pavoroso temor a la locura.
Ahora bien, ¿quiénes son Dionisios y Ariadna? Para esclarecerlo recurro en extenso a Giorgio Colli:
"Concluyendo, si bien una investigación de los orígenes de la sabiduría en la Grecia arcaica apunta hacia el oráculo délfico y la significación conjunta del dios Apolo, la “manía” se nos presenta como aún más primordial, como fondo del fenómeno de la adivinación. La locura es la matriz de la sabiduría.
II LA DAMA DEL LABERINTO
Hay algo anterior incluso a la locura: el mito remite a un origen más remoto. Aquí, el encadenamiento de símbolos es inextricable, y debemos abandonar la pretensión de descubrir una interpretación unívoca. El único acercamiento al oscuro problema es una crítica cronológica del mito, en búsqueda de un fondo primordial, de la raíz más lejana de esta pululante manifestación de una vida de la fuente de los dioses. Cinco siglos antes de que se introduzca el culto de Apolo en Delfos, poco después de la mitad del segundo milenio a. de C., en aquel legendario mundo minóico-micénico tendido hacia Creta se busca, como se ha supuesto recientemente con creciente insistencia, el origen del culto de Dionisos. Pausanias nos habla de un Dionisos cretense, en cuyo recinto sacro de Argos el dios mismo dio sepultura a Ariadna, cuando esta murió. Ariadna es por tanto un mujer, pero también una diosa, según testimonio escrito del todo primordial, “la dama del laberinto”.
Esta doble naturaleza, humana y divina, de Ariadna, esta ambigüedad radical, nos atrae hacia una interpretación simbólica de aquello que tal vez es el mito griego más antiguo, el mito cretense de Minos, Pasifae, el Minotauro, Dédalo, Teseo, Ariadna y Dionisos. Ariadna es la única figura femenina que el mito griego en general presenta junto a Dionisos, de manera explícita y directa, como esposa. El vínculo tiene raíces lejanas, y Hesíodo dice:
Dionisos del cabello de oro hizo esposa próspera suya a la rubia Ariadna, hija de Minos, que el Crónida volvió inmortal y sin vejez”, donde se alude también a la duplicidad de Ariadna, mujer y diosa. Dionisos está ligado a todas las mujeres, pero nunca a una en particular, fuera de Ariadna. En otra parte, se menciona la relación entre Dionisos y una divinidad femenina, pero solo en forma indirecta y alusiva, a fin que no e transparente un nexo sexual. Así en la tradición eleusina Dionisos se presenta al lado de Koré (Perséfone)(que no es solamente la hija de Deméter, sino que significa a menudo en las fuentes órficas la divinidad femenina virgen en general, por ejemplo Atenea o Artemisa), pero el vínculo sexual entre los dos resulta solamente de su desdoblamiento en el mundo de los infiernos, donde Dionisos como Hades (así lo declara Heráclito), y Koré como Perséfone. Hades goza de Perséfone mediante el rapto, la violencia. En el mito cretense, en cambio, Dionisos es el esposo de Ariadna. Pero no se trata, como se sabe, de un matrimonio quieto. Dice de hecho Homero: “y ví la hija de Minos el insidioso, la linda Ariadna, que un Teseo condujo un tiempo desde Creta a la alta roca de Atenas protegida por los dioses, pero no disfrutó de ella: Artemisa la mató primero, por acusación de Dionisos, en Día (Naxos), situada en medio de las olas”. El pasaje es decisivo para distinguir, por una parte, una versión más reciente del mito, desarrollada por ejemplo por Cátulo según la cual Ariadna, abandonada por Teseo en Naxos (Día) es recogida por Dionisos (o, en otra variante, es raptada por Dionisos), o sea pasa de una vida humana a una divina; y por otra parte, una versión más antigua -apoyada, además de por Homero y Hesíodo, por el origen cretense del vínculo Dionisos-Ariadna y por la antigüedad de la noticia sobre la potentísima naturaleza divina de esta última- según la cual Ariadna abandona a Dionisos por amor a Teseo, o sea pasa de una vida divina a una humana, Pero al final, prevalece Dionisos, cuya acusación guía el castigo de Artemisa: Ariadna muere como mujer y no es disfrutada por Teseo, vive como diosa" (3).
Como puede notarse, ya las figuras de Dionisios y Ariadna se corresponden con las máscaras que Nietzsche traspone para él y Cósima. Máscaras que serán traspuestas, doce años más tarde, a un nivel más amplio y profundo de significación existencial en Así habló Zaratustra y en su enamoramiento por Lou Andreas Salomé.
Lo mismo sucederá con la máscara de Empédocles de Acragas, la que Nietzsche asume en su drama, en el que sólo traspone al profeta, al maestro en religión y médico de cuerpos y almas, pero en cuyas ideas ya se prefigura, sin formalizar todavía, Zaratustra.
Ese Empédocles de Acragas que se anuncia de la siguiente manera en el proemio de su poema épico-filosófico, Las purificaciones:
"¡Oh amigos míos, que moráis en la poderosa ciudad
Que se alza desde el amarillo Agrigento hasta las alturas
De la ciudadela, ocupándoos en excelentes obras,
Puerto para extraños, oscuramente conscientes de sus derechos
Y aborrecedores del mal, salud!
Mas yo, yo ahora ando entre vosotros, dios libre de la muerte,
Ya no un mortal, y honrado por todos, como veis,
Con girnaldas y bandas y coronas de flores. Cuando me encuentro
En las florecientes ciudades con estas gentes, mujeres y hombres,
Soy reverenciado como un dios. Y en multitudes de miles
Me persiguen, buscando el camino de su salud; y mientras algunos
Tienen hambre de oráculos otros no piden sino oír
En su múltiple enfermedad, harto transida de aflicción,
Una palabra que les aporte la curación...".
Habla Empédocles de Acragas y es como si hablara el mismo Zaratustra. El Zaratustra del superhombre, el del "eterno retorno de lo mismo", el de la muerte de dios, el de las tres trasformaciones y el de la nueva ética.
Y, también, dice Epédocles de Acragas, prefigurando ese Superhombre y ese "eterno retorno de lo mismo", nietzscheanos:
"... Y entre ellos vivía
Un hombre de raro saber, poseedor de las mayores riquezas del espíritu
Y maestro en toda especie de ingeniosa destreza;
Pues siempre que ponía todos sus talentos en tensión, podía mirar
Con facilidad a todo lo existente, habiendo vivido
Diez y veinte vidas de hombres".
(259 Empédocles, Purificaciones, fr. 129, Porfirio, Vida de Pitágoras 30) (4).
En términos generales, esas son algunas de las materias de Dionisios, de Empédocles de Acragas y de Ariadna, de las que Nietzsche se nutre para incorporarlas a sus máscaras más conocidas. No son las únicas, porque, al desarrollar cada máscara, las mezclará, las fundirá, las fusionará y las sublimará, unas con otras, como si de un iniciado orfíco o de un maestro alquimista se tratara y les agregará infinidad de otras materias tomadas de sus experiencias, formación y lecturas, tal el caso de Bruno y Spinoza, mártires por sus ideas, y el de Hölderlin anotado atrás.
En fin, las máscaras de Nietzsche son obras maestras del enigma cuyo desentrañamiento son un desafío y una labor fascinantes, tal y como ya lo he propuesto en otros textos (5).

***

A continuación propongo una breve historia de los enmascaramientos de Nietzsche enamorado de Cósima Wagner y de Lou Andreas Salomé: Ariadna, la amada inmortal, Una y Otra y La misma.
Si bien Nietzsche fue consciente desde muy joven de sus propios enmascaramientos y de los enmascaramientos de las personas con las que se relacionaba, sólo fue hasta 1870 que se enfrenta a la imperiosa necesidad de utilizar una máscara que le permitiera expresarle su enamoramiento, de manera velada, herméticamente enmascarada, a Cósima Wagner. Es en ese año en el cual decide ocultarse tras las máscaras de Dionisios y de Empédocles y, para ocultar a Cósima, recurre a Ariadna y a Corina.
Es necesario agregar que, como el enamoramiento es un "furor" trasformador, por esa misma época Nietzsche siente la necesidad de cambiar de filólogo a filósofo y a ello dirige sus estudios y solicita una plaza como catedrático de filosofía en la Universidad de Basilea.
Para establecer un inicio de esta historia: a partir del 22 de septiembre de 1870, Nietzsche comienza la escritura de los primeros textos sobre el tema del nacimiento de la tragedia griega, los que culminarían en El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música (6) y, un poco después, escribirá el proyecto de un drama, Empédocles y, con ellos y en ellos, nacen las máscaras de Dionisios, Empédocles y Ariadna. En esos primeros textos, Nietzsche interpreta la función y significados de la máscara como representación de Dionisios y, en la escritura del drama, realiza la representación de su enamoramiento por Cósima, él como Dionisios y Empédocles y, a ella, la representa como Aridana y Corina.
La máscara de Dionisios la explica el mismo Nietzsche en El nacimiento de la Tragedia a partir del espíritu de la música:
"Según este conocimiento y según la tradición, al principio, en el período más antiguo de la tragedia, Dioniso, héroe genuino del escenario y punto central de la visión, no está verdaderamente presente, sino que sólo es representado como presente: es decir, en su origen la tragedia es sólo «coro» y no «drama». Más tarde se hace el ensayo de mostrar como real al dios y de representar como visible a cualquier ojo la figura de la visión, junto con todo el marco transfigurador: así es como comienza el «drama» en sentido estricto. Ahora se le encomienda al coro ditirámbico la tarea de excitar dionisíacamente hasta tal grado el estado de ánimo de los oyentes, que cuando el héroe trágico aparezca en la escena éstos no vean acaso el hombre cubierto con una máscara deforme, sino la figura de una visión, nacida, por así decirlo, de su propio éxtasis" (El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música, 8).
La máscara de Empédocles la explica así Curt Paul Janz en su biografía de Nietzsche:
"Empédocles, en el que de modo francamente inquietante se prefigura ya el camino del Nietzsche posterior y en el que aparecen símbolos fundamentales. Como más tarde con Zaratustra, también aquí toma una figura histórica -la del filósofo siciliano, médico prodigioso, poeta y fundador religioso del siglo quinto antes de Cristo, el legendario Empédocles- como máscara en la que él mismo aparece idealmente, sólo que en este caso permanece más cercano a la tradición, mientras que del legendario-histórico persa Zaratustra sólo queda el nombre y su función como fundador religioso. Conocía a Empédocles a través de Diógenes Laercio. De su concepción filosófica del mundo hubo de interesar a Nietzsche el proyecto de unir lo místico-pitagórico con la ciencia natural moderna. En la doctrina de Empédocles de la trasmigración de las almas está uno de los impulsos para lo doctrina de Nietzsche del eterno retorno de lo mismo como hipotética ética. Pero lo que toma muy especialmente son las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal Corina". Existe una Corina histórica; fue una poetisa beocia que vino de Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.
Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima. Algunas citas del borrador que apoyarían esta interpretación:
"Tercer acto: Teseo y Ariadna. El coro, Pausanias y Corina. Empédocles y Corina en el escenario. Vértigo de muerte en el pueblo ante el anuncio de la reencarnación. Se le venera como al dios Dionisios, mientras que él comienza sufrir de nuevo. (El actor Dionisios ridículamente enamorado de Corina)... Quinto acto... Dos ríos de lava de los que no pueden escapar (Empédocles y Corina). Empédocles se siente asesino, digno de un castigo infinito, espera el renacimiento de una muerte expiatoria. Esto lo arrastra hacia el Etna. Quiere salvar a Corina. Un animal se les acerca. Corina muere con él. "¿Huye Dionisios de Ariadna?" (7).
Cósima no debió conocer nada del proyecto del drama Empédocles; sin embargo, el 25 de diciembre de 1870, en la celebración de su cumpleaños 33, Nietzsche le regala "... una copia en limpio de su estudio El origen del pensamiento griego" (8), uno de los textos previos a El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música, libro con el cual, además de reivindicar la música de Wagner, es posible abducir la velada y hermética declaración de su enamoramiento por ella. No de otra forma es posible interpretar párrafos como el siguiente que es la continuación del párrafo ya citado atrás:
"Imaginémonos a Admeto recordando en profunda meditación a su esposa Alcestis que acaba de fallecer, y consumiéndose totalmente en la contemplación espiritual de la misma - cómo de repente conducen hacia él, cubierta por un velo, una figura femenina de formas semejantes a las de aquélla, de andar parecido: imaginémonos su súbita y trémula inquietud, su impetuoso comparar, su convicción instintiva - tendremos así algo análogo al sentimiento con que el espectador agitado por la excitación dionisíaca veía avanzar por el escenario al dios con cuyo sufrimiento se había ya identificado. Involuntariamente transfería la imagen entera del dios que vibraba mágicamente ante su alma a aquella figura enmascarada, y, por así decirlo, diluía la realidad de ésta en una irrealidad fantasmal. Éste es el estado apolíneo del sueño, en el cual el mundo del día queda cubierto por un velo, y ante nuestros ojos nace, en un continuo cambio, un mundo nuevo, más claro, más comprensible, más conmovedor que aquél, y, sin embargo, más parecido a las sombras" (El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música, 8).
Que Cósima comprendió y aceptó, halagada, la hermética declaración amorosa de Nietzsche y, lo que de ello se sigue, es ya parte de una historia bien conocida que termina en tragedia.
Desde su rompimiento con Cósima y Richard Wagner, en octubre de 1876, Nietzsche, despechado y enfermo, se encarna en la máscara de Dionisios Zagreo, el Dionisios desgarrado, hasta el momento de su encuentro con Lou en Roma, en la primavera de 1882, cuando resucita con la máscara del Dionisios Baco, vital y festivo y, luego, encarnar la máscara de:
"Dionisios Iakchos, la estrella naciente "portadora de la luz de los misterios nocturnos" (Aristófanes, Las ranas), el dios por-venir".
Si bien es cierto que desde agosto de 1881 Nietzsche se siente exaltado con su concepción del pensamiento del "eterno retorno de lo mismo" y el nacimiento de un nuevo profeta y su máscara, al que comienza a llamar Zaratustra en sus notas privadas y en los planes de un nuevo libro, también es cierto que sólo serán temas y asuntos sobre los que nada comunica a los amigos, salvo su exaltación, tal y como lo escribe, el 14 de Agosto de 1881, a Peter Gast:
“¡Y bien, mi querido buen amigo! El sol de Agosto está sobre nosotros, el año corrió hacia su fin, sobre las montañas y los bosques desciende el mayor de los silencios y la mayor paz. En mi horizonte han surgido pensamientos como nunca hasta ahora he avistado, - de ello no quiero hablar en absoluto, y mantenerme a mí mismo en una inquebrantable serenidad. ¡Tengo que, vivir todavía algunos años!”.
Nietzsche, íntima y privadamente, continúa elaborando, durante los meses finales de 1881 y los primeros de 1882, a Zaratustra y el pensamiento que este encarnará. Pero sólo será hasta junio de 1882 y ya en "los furores" de su enamoramiento por Lou, cuando Zaratustra y el "eterno retorno de lo mismo" aparezcan, por primera vez, públicamente y publicados en los aforismos 341 y 342 de la Gaya ciencia, libro que escribía por esa misma época como parte de los libros finales de Aurora, pero a los que luego convierte en los primeros de la Gaya ciencia. Ese es el anuncio público de la máscara de Zaratustra, esa en la que se encarna Nietzsche hasta el final.
Los apuntes, notas y libretas de Nietzsche de esa época de finales de 1881, permanecieron en su archivo y apenas están siendo editados, eso explica el silencio sobre la génesis de Zaratustra.
Sobre esos apuntes, notas y libretas de Nietzsche, ha escrito Bruno L.G. Piccione (9):
"Días más tarde, también en Agosto de ese año, en el esbozo de un nuevo plan con el título ahora de Mediodía y eternidad (“Indicaciones para una nueva vida”), aparece ya el protagonista de la obra que está concibiendo:
“Zaratustra, nacido a orillas del lago Urmi, abandonó a los treinta años su patria, marchó a la Provincia Aria, y en los diez años de su soledad en las montañas compuso el Zend-Avesta.” (“Nachgelassene Fragmente”, ‘Frühjahr-Herbst 1881’; KGW, V, 11 [195], 417).
Aunque en forma alternada y entremezclados con otros, van apareciendo numerosos fragmentos con la presencia de la figura de Zaratustra, todos escritos durante ese otoño de 1881 (meses de Septiembre a Diciembre). Transcribimos algunos:
“Cuando Zaratustra quiso conmover a la multitud, entonces debió ser su propio comediante.”
“La ociosidad de Zaratustra es el origen de todos los vicios.” (“Nachgelassene Fragmente”, ‘Herbst 1881’; KGW,V, 12 [112], 494).
“Tú contradices hoy lo que ayer habías enseñado - Pero eso era ayer, no hoy, dijo Zaratustra.” (“Nachgelassene Fragmente”, ‘Herbst 1881’; KGW, V, 12 [128] , 496)".

Zaratustra es la máscara más compleja de Nietzsche, en ella se mezclan, funden, confunden, fusionan, sincretizan y sintetizan, todas las máscaras: Dionisios, Empédocles (de Acragas y el del drama de Hölderlin) y el Zaratustra persa, así como todas las materias ocultas del Nietzsche pasado, presente y futuro:
"Yo os conozco a vosotros, hombres superiores, yo lo conozco a él, - yo conozco también a ese espíritu maligno, al cual amo a mi pesar, a ese Zaratustra: él mismo me parece, con mucha frecuencia, semejante a la bella máscara de un santo,
- semejante a una nueva y extraña máscara, en la que se complace mi espíritu malvado, el demonio melancólico: - yo amo a Zaratustra, así me parece a menudo, a causa de mi espíritu malvado" (Z, La canción de la melancolía, 2).
Un Zaratustra solar, como ya lo escribí en otro texto:
"Es por ello que, doce años después, en la primavera y en el verano de 1882, y ya enamorado de Lou, Nietzsche, en el aforismo 342 de la Gaya ciencia, al fin contempla la Esfera del solitario sol de Empédocles, así como "la bien redonda verdad", el sol de Parménides, esa Esfera y ese "sol" a los que Zaratustra entona su canto inicial, el mismo canto que volverá a entonar al final, en el último verso de Así habló Zaratustra" (10).
Y, por supuesto, el sol de Heráclito:
«El sol es nuevo cada día».
Ese es también el mismo sol que Hölderlin, en su drama Empédocles, invoca para cantar a Diotima:
"Desciende, hermoso sol, bien poco se preocupan
de ti, no te han conocido, oh sagrado,
mientras calmoso y sin esfuerzo pasabas
sobre los hombres en su afán.

¡Oh luz, gozosamente me levantas y me desciendes!
¡Qué bien te reconocen mis ojos, soberana.
Pues yo aprendí a adorar en tu paz divina
Cuando Diotima curó mi alma.

¡Cómo te escuchaba, enviada del cielo!
A ti amor, Diotima, como levantaba
desde ti mis ojos hacia el áureo día,
pensativos y absortos. Entonces susurraban

más vivas las fuentes, respiraban,
amándome, las flores de la tierra,
mientras riendo sobre nubes de plata
el éter se inclinaba enviando bendiciones".
(Friedrich Hölderlin, Empédocles, Fragmentos, cuarta escena, primera versión) (11).
Que es, también, el mismo sol que Nietzsche invoca, al inicio del prólogo de Así habló Zaratustra, para cantar a la innominada Lou:
"1/ Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:
«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!
Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.
Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.
Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.
Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!
Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso, como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!
¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!
¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.»
- Así comenzó el ocaso de Zaratustra".
(Z, Prólogo, 1).
Debo anotar que, como extraña coincidencia, el susurrar de las fuentes de Hölderlin, se repite para Nietzsche y Lou en los días y las noches de la primavera romana de 1882 y al que él canta en Así habló Zaratustra:
"Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.
Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante.
En mí hay algo insaciado, insaciable, que quiere hablar. En mí hay un ansia de amor, que habla asimismo el lenguaje del amor" (Z, La canción de la noche).
Como este, muchos otros son los motivos que Nietzsche toma del drama Empédocles y otras de las obras de Hölderlin, porque, de esa forma, Lou es, además de Ariadna, también Diotima, la amada de la locura de Hölderlin, ese loco enamoramiento que poseía a Nietzsche y esa locura a la que tanto le temía.
Porque así, Nietzsche es también Hölderlin y Lou es Ariadna y también Diotima, la nunca llamada por su nombre en Así habló Zaratustra, pero siempre ella, la presente en las notas y escritos que Nietzsche realizó previos a su escritura. A ella estaban dedicados algunos de los discursos y lamentos, los que, al momento de publicar el libro, fueron cambiados de nombre, tales: La canción de la noche, Del gran anhelo, Los siete sellos, El mago (12).
Y, por supuesto, el Lamento de Ariadna, ese poema empezado a escribir por Nietzsche durante su enamoramiento por Lou y concluido en el otoño de 1884 para incluirlo en la IV parte de Así habló Zaratustra y que, luego, pasa a ser parte de los Ditirambos de Dionisios.
De esa y muchas otras formas, Nietzsche trasforma a Lou y su máscara de Ariadna en un complejo enigma. El mismo enigma en el que, el Empédocles de Hölderlin:
"(...) habla acerca de la aflicción y de la impotencia en que ha caído por su "atrevida arrogancia" al haberse proclamado dios, (escena III, v. 450-455). De su desmesura resulta el enigma de su padecimiento :
"Pausanias:
¿Por qué me ocultas y haces de tu pena para mi
un enigma. ¡Créeme!, nada es más doloroso.
Empédocles:
Y nada es más doloroso, Pausanias,
que descifrar una pena. ¿Es que no lo ves?".
(Hölderlin, Empédocles, Escena IV, v. 440-445). (13).
Ese es el mismo enigma que, al final, en Ecce homo, le hace exclamar a Nietzsche:
"Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca: así sufre un dios, un Dioniso. La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna... ¡Quién sabe, excepto yo, qué es Ariadna! De todos estos enigmas nadie tuvo hasta ahora la solución, dudo que alguien viera siquiera aquí nunca enigmas. - Zaratustra define en una ocasión su tarea -es también la mía- con tal rigor que no podemos equivocarnos sobre el sentido: dice sí hasta llegar a la justificación, hasta llegar incluso a la redención de todo lo pasado" (Ecce homo, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie. 8).
Nietzsche se ha enfrentado y, con él, ha enfrentado al resto de la humanidad, con el desafío oculto del enamoramiento, ese enamoramiento que trasforma al enamorado en un nuevo hombre, siempre él mismo. Ese desafío por descifrar el enigma de la Amada: siempre Otra, siempre Una, siempre La misma:
Ese enigma que la propia Lou había cantado, para otro, en su Himno a la vida y que Nietzsche, ilusionado, asumió para él:
Himno a la vida
Como el amigo ama al amigo
yo te amo, vida enigmática,
haya exultado en ti, o haya llorado,
Dolor o dicha me hayas dado.
Te amo a ti y a tus penas;
y si debes destrozarme
Me desprenderé de tus brazos
como del pecho amigo se desprende el amigo.
¡Con toda mi fuerza te abrazo!
Que tus llamas me prendan,
Que aún en las brasas de la lucha
Siga adentrándome en tu enigma.
¡Ser milenios! ¡Y pensar!
Cobíjame en tus brazos:
Si ya no puedes regalarme dicha
Sea, aún te queda el dolor”.
Ese es el enigma que siglos atrás ya habían planteado Giordano Bruno y San Juan de la Cruz.
Giordano Bruno en Heroicos furores:
"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada".
(...)
"TANSILLO: Así es. He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Heroicos Furores, I, 4).
Y, San Juan de la Cruz en La noche oscura:
"¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el amado transformada!"
(San Juan de la Cruz, La noche oscura).
Es así como se configuran la tragedia, las máscaras y el enigma de Nietzsche:
Dionisios, el dios desgarrado, el que, en su recinto sagrado de Argos, dio sepultura a Ariadna. Empédocles, el inmolado en el cráter del Etna. Hölderlin, enloquecido. Zaratustra: "ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas" (Z, IV, El signo).
Y... ¿Ariadna? La que, al igual que en el mito griego:
"(...) muere como mujer y no es disfrutada por Teseo, vive como diosa".

NOTAS
(1) Giorgio Colli , El nacimiento de la filosofia, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 15.
(2) Hans-Georg Gadamer, Poema y diálogo. Ensayos sobre los poetas alemanes más significativos del siglo XX, Gedisa, Barcelona, 1993, p. 11.
(3) Giorgio Colli , El nacimiento de la filosofia, Tusquets, Barcelona, 2009, pp. 22-27.
(4) Para una mayor ilustración sobre la vida y las ideas de Empédocles, sugiero el capítulo dedicado a él por Werner Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 1997, pp. 129-154.
(5) Iván Rodrigo García Palacios, "Zaratustra, mi hijo". Así nació Zaratustra en los tiempos del amor, en blog:
http://nietzsche-louandreas.blogspot.com/
----------- Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: Nietzsche enamorado y otros textos:
http://lectorludi.blogspot.com
----------- Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Nietzsche enamorado y otros textos:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
(6) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98:
"De este modo, poco a poco, va creciendo en él un nuevo y personal sistema de pensamiento y sistema del mundo que irá ampliando de modo constante a espaldas de su entorno más próximo: en Naumburg escondido tras la máscara de un Fritz jovial, alegre, amable y social; en Basilea oculto trás el profesor diligente.
Así fue como surgió, fechado el 22 de septiembre de 1870 en Naumburg, y de su problemática en torno a la tragedia, el bosquejo de un libro, "La tragedia y los librepensadores", que ya iba con mucho más allá del tema original: una historia del desarrollo de la tragedia griega".
(7) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100.
(8) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea. 1869-1879, p. 102.
(9) Bruno L. G. Piccione, De Así habló Zaratustra (en su centenario). Una introducción. Publicado por su autor en Buenos Aires en 1984:
http://www.nietzscheana.com.ar/comentarios/zaratustra-introduccion.htm
(10) Iván Rodrigo García, ¿Por qué Así habló Zaratustra es un poema enamorado?, Lector Ludi: Nietzsche enamorado y otros textos:
http://lectorludi.blogspot.com
-------- Ensayos de un Lector Ludi: Nietzsche enamorado y otros textos:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
(11) Friedrich Hölderlin, Poemas, introducción y traducción de José María Valverde, Icaria, Barcelona, 1991, p. 71.
(12) Ver las notas de Andrés Sánchez Pascual, en su edición de Así habló Zaratustra, Alianza, Madrid, 1998:
La canción de la noche: (186) Títulos anteriores previstos por Nietzsche para este apartado fueron: Luz soy yo y La canción de la soledad. El propio Nietzsche hace en Ecce homo interesantes consideraciones sobre este poema. Le llama «el inmortal lamento de estar condenado, por la sobreabundancia de luz y poder, por la propia naturaleza solar, a no amar». Y después de trascribirlo íntegramente añade: «Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca, así sufre un dios, un Dioniso. La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna... ¡Quien sabe, excepto yo, qué es Ariadna!»... Véase Ecce homo.
Del gran anhelo: (425) Otro título anotado por Nietzsche en sus manuscritos para este apartado era el de Ariadna, al que correspondía más adelante otro apartado titulado Dioniso (que ahora es Los siete sellos).
Del gran anhelo: (428) De manera encubierta hay en estas palabras una alusión a Dioniso. Este, en efecto, es representado en ocasiones como un viñador que viene en barco con una podadera en la mano para podar sus vides (así está representado en la copa de Exekias, del siglo VI, que se conserva en Munich). La vid, cargada de racimos, que anhela la llegada del viñador, es Ariadna (alma de Zaratustra). El viñador con la podadera es imagen que aparece también en el Apocalipsis. Véase Apocalipsis, 14, 18: «¡Echa tu afilada podadera y vendimia los racimos de la viña de la tierra, pues llegaron a sazón sus uvas!» Es posible que en el ánimo de Nietzsche se fundiesen ambas evocaciones.
El mago: (470) El largo «lamento» del mago que viene a continuación fue compuesto por Nietzsche en el otoño de 1884 y llevaba entonces el título de El poeta. - El tormento del creador. En otra copia manuscrita le puso estos dos títulos: De la séptima soledad, luego borrado, y El pensamiento. De hecho este poema no se hallaba destinado originalmente a Así habló Zaratustra, pero Nietzsche lo insertó en él al componer la cuarta parte. De la importancia que este poema tenía para Nietzsche da idea el hecho de que más tarde lo incorporase a los Ditirambos de Dioniso, bajo el título de Lamento de Ariadna. Allí lleva al final una «respuesta» de Dioniso, quien, tras un rayo, «se hace visible con una belleza de esmeralda». La citada respuesta dice así:
¡Sé inteligente, Ariadna!...
Tienes oídos pequeños, tienes mis oídos:
¡Introduce en ellos una palabra inteligente!
¿No tenemos que odiarnos primero a nosotros mismos cuando
debemos amarnos a nosotros mismos?...
Yo soy tu laberinto...
(13) Carlos Masmela, Hölderlin. La tragedia, Ediciones del Signo, Buenos Aires, 2005, p. 107.

miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Por qué Así habló Zaratustra es un poema enamorado?

 Lou Andreas Salomé

Iván Rodrigo García Palacios


¿Por qué Así habló Zaratustra
es un poema enamorado?

Friedrich Nietzsche escribió Así habló Zaratustra como un poema épico-filosófico, pero también es un poema enamorado, porque Empédocles, enamorado de Cósima Wagner (1), se trasforma, por "el furor" (2) del enamoramiento (3), en Zaratustra enamorado de Lou Andreas Salomé.
Es un poema enamorado, porque fue una ofrenda de su enamoramiento por Lou Andreas Salomé, escrito para conquistar su corazón y su mente y porque es a ella, a la única, a la que quiere ofrendarle, además de su ferviente amor, una nueva Ética, una que le remplace a ella, en su vida y en sus pensamientos, la admiración que sentía por la obra de Spinoza, así como para recordarle los momentos y los asuntos de los que tanto hablaron y compartieron durante las noches y los días felices "del idilio de Tautemburg" (4), ese idilio que él, ilusionado, deseaba reinstaurar.
Días y noches felices que Lou recuerda así en su Mirada retrospectiva:
"En una de mis cartas a Paul Rée desde Tautenburg la del 18 de agosto, ya puede leerse: “Muy al comienzo de mi relación con Nietzsche le escribí a Maldiwa que éste era una naturaleza religiosa, despertando con ello la más fuerte resistencia de su parte. Hoy quisiera subrayar doblemente esta expresión” “Veremos el día en que se presente como heraldo de una nueva religión, y será entonces una religión que reclute héroes como discípulos. Cuán igual pensamos y sentimos al respeto, y cómo nos quitábamos cabalmente las palabras y los pensamientos de la boca. Literalmente nos matamos hablando estas tres semanas, y lo notable es que, de pronto, él soporta ahora charlar cerca de diez horas al día.” “Es extraño que con nuestras conversaciones vayamos a dar involuntariamente a los abismos, a aquellos lugares de vértigo a los que alguna vez uno ha llegado trepando solo, para asomarse a las profundidades. Constantemente hemos escogido los senderos de las gamuzas, y si alguien nos hubiese escuchado habría creído que eran dos diablos conversando".
Esta es una hipótesis descabellada que puede y debe ser demostrada a partir de las propias palabras, obras y biografías de los protagonistas y de los testimonios de aquellos cercanos a los eventos de esa época.
Para fundamentar este escrutinio, me acojo a lo que el mismo Nietzsche escribiera a Lou en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882:
"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (5).
Y que luego vuelve a reafirmar en Más allá del bien y el mal:
"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía es una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas" (Más allá del bien y el mal, Sección primera. De los prejuicios de los filósofos).
Ateniéndome a estas palabras y porque muchas de las obras de los hombres son motivadas más por el ardor en la sangre que por el frío intelecto, es necesario entonces interpretar, como materias constitutivas, los eventos biográficos, los estados existenciales, los escritos y los testimonios que se presentaron y afectaron la vida de Nietzsche y que convergen y se conectan con la escritura de Así habló Zaratustra.
Algunas interpretaciones sobre tales asuntos ya las he realizado en otros de mis textos y a ellos remito al lector (6).
Ahora me concentraré en tratar de mostrar y demostrar los asuntos que inciden y determinan el que Nietzsche escribiera, además de un extenso poema épico-filosófico, un evidente poema enamorado. Un poema único y excepcional en el contexto de sus obras y extrañamente conectado con los dos enamoramientos que marcaron y determinaron su existencia, pensamiento, ideas y escritura.
Para empezar y como ya lo he propuesto en mis hipótesis descabelladas sobre el enamoramiento, uno de los poderes y efectos del estado de enamoramiento, es el de lograr que el enamorado como Ave Fénix se consuma en el "furor" de su fuego y renazca o resucite de sus cenizas como uno nuevo, pero el mismo hombre.
Eso podría explicar el por qué Nietzsche, enamorado de Lou, se renueva y renace y que es por ello que retorna a los recuerdos felices de aquellos tiempos y de aquellas obras que le significaron su transición de filólogo a filósofo: El nacimiento de la tragedia, La filosofía en la época trágica de los griegos y el fragmento de su drama Empédocles. Aquellos tiempos y escrituras de la época de su enamoramiento por Cósima Wagner, para, en ellos y en ellas, volver a encontrar la materia de un poema, uno nuevo que al fin generara el poema/drama que deseó escribir para Cósima, pero que esta vez será el poema para Lou: ya no Empédocles, si no Zaratustra.
Tanto el poema nunca escrito como Así habló Zaratustra, germinan y extienden sus raíces, tronco y ramas, desde aquellas antigüedades, las de antes de Grecia, las del nacimiento de la filosofía occidental y las del nacimiento de la filosofía alemana. La primera, la de los tiempos de Zaratustra. La segunda, la de los presocráticos y, en particular, la de dos filósofos poetas: Parménides y Empédocles. Y la tercera, la de los grandes poetas y filósofos, latinos, renacentistas, modernos y alemanes.
Con ellos, una extensa tradición de poemas y poetas-filósofos: Homero y los poetas griegos; Virgilio y los poetas y filósofos romanos y latinos; Petrarca, Dante, Bruno y el humanismo italiano; Descartes, Spinoza y aquellos del nacimiento de la modernidad. En la Alemania de los siglos XVIII y XIX, Hölderlin y sus poemas: Empédocles e Hiperion, así como otros tan posibles como discutidos, a lo que se suma una extensa lista de obras y autores de la poesía, la filosofía y las ciencias de la época. Y, por supuesto, un profundo y conflictivo sustrato bíblico.
Que Nietzsche quería escribir un poema épico y filosófico en esa época y en ese enamoramiento por Cósima, lo prueba el fragmento de su drama Empédocles, escrito en 1870.
Esto se explica, en parte, porque Empédocles es uno de los filósofos presocráticos del que, junto con Parménides, se conservan fragmentos de los poemas épico-filosóficos con los que expusieron sus ideas. Del primero Canto a la naturaleza y Purificaciones, del segundo, el Poema del ser. Filósofos, poemas e ideas que también marcarán el origen, el nacimiento, la forma y las ideas de Así habló Zaratustra.
Es por ello que, doce años después, en la primavera y en el verano de 1882, y ya enamorado de Lou, Nietzsche, en el aforismo 342 de la Gaya ciencia, al fin contempla la Esfera del solitario sol de Empédocles, así como "la bien redonda verdad", el sol de Parménides, esa Esfera y ese "sol" a los que Zaratustra entona su canto inicial, el mismo canto que volverá a entonar al final de Así habló Zaratustra.
En el siguiente fragmento del Canto a la Naturaleza de Empédocles, citado por Simplicio, se presenta "el solitario sol", la Esfera, antes inmóvil y luego agitada:
"358. Fragmentos 27 y 31, Simplicio, in Phys. 1183, 28:
Eudemo entiende que la inmovilidad (sc. de la que Aristóteles habla en Phys. 252 a 9) se aplica a la Esfera en la supremacía del Amor, cuando todas las cosas están mezcladas —"allí ni se distinguen los rápidos miembros del sol", sino que, como dice "tan adherida está a la densa obscuridad de Harmonía, una esfera redonda, que se regocija en su gozosa soledad".
Pero, cuando la Discordia comienza a prevalecer, de nuevo, surge entonces, una vez más, el movimiento en la Esfera: «pues todos los miembros, uno a uno, del dios comenzaron a agitarse" (7).
Esa es la Esfera y ese es el "sol" que para Nietzsche son la unidad en el Amor de sus éxtasis amorosos de la primavera y el verano de 1882, y que luego, ya en el invierno de 1882-1883, al comenzar a agitarse, por la prevalencia de la Discordia, es la agonía de su fracaso amoroso con Lou.
Es así como nace el canto al "solitario sol" y comienza el ocaso de Zaratustra, cuando, el 1 de febrero de 1883, con casi el mismo texto del aforismo 342 de la Gaya ciencia, inicia la escritura de Así habló Zaratustra:
"1/ Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:
«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!.
Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.
Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.
Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.
Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!
Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso, como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!
¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!
¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.»
- Así comenzó el ocaso de Zaratustra" (Así habló Zaratustra, Prólogo, 1).
Y, para complementar el motivo solar de ese canto y de otros motivos de Así habló Zaratustra, será en el Poema del Ser de Parménides:
"Siempre mirando hacia los rayos del sol" (Parménides, Fragmento 14).
De allí emergen el carro y las doncellas que conducirán a Nietzsche, "abandonadas ya las moradas de la noche hacia la luz", ante las puertas del abismo del "eterno retorno de lo mismo", ya pre-visto en el aforismo 341 de la Gaya ciencia, y ante el Superhombre, "de auriga inmortales compañero compañero", y hacia aquel lugar donde:
"...la diosa benevolente me recibió" (Parménides, Fragmento 1).
Esa diosa es la misma a la que Nietzsche se dirige, sin mencionarla, en el aforismo 342 de la Gaya ciencia. Esa diosa (o Lou) a la que ofrenda su poema enamorado. Ese poema en el que también él habla con aquellas palabras que compartió con Lou en aquellos tiempos en Tautemburg, en los que y de igual forma que en el poema de Parménides:
"... con su mano mi mano derecha cogiendo, con estas palabras a mi se dirigió" (Parménides, Fragmento 1).
La diosa (Lou) que toma la mano de Nietzsche y le habla de las tres vías del conocimiento y de su futura misión:
"24. Mancebo, de auriga inmortales compañero compañero,
25. que con sus caballos que te traen, a nuestra morada llegas,
26. ¡salud!, que no una mala moira te envió a seguir
27. este camino (pues fuera del sendero de los humanos está),
28. sino Themis y Dike. Y así tendrás todo que averiguar,
29. tanto de la bien redonda verdad el corazón imperturbable
30. como de los mortales los pareceres en los que verdadera fidelidad no hay,
31. y aprenderás también esto: cómo lo múltiple pareciente
32. tenía que hacerse aceptable, penetrándolo todo por todas partes" (Parménides, Fragmento 1) (8).
Esas tres vías del conocimiento que luego para Spinoza serán los tres géneros del conocimiento: empírico, racional e intuitivo. Y que para Nietzsche serán las tres trasformaciones: camello, león, niño.
Es así como, para el resucitado y renovado Nietzsche, Ave Fénix del enamoramiento, los éxtasis de la primavera y el verano de 1882 y las agonías de su fracaso amoroso del invierno de 1882-1883, son "los furores" que encienden las materias de "mi sabiduría", las antiguas y las nuevas, las mismas que él consumirá en la escritura de Así habló Zaratustra.
Resucita un Nietzsche / Superhombre, como en el famoso fragmento de Píndaro:
"410. Píndaro. Fr. 133, Snell, Platón, Menón, 81b:
En el noveno año devuelve Perséfone al sol de los dioses las almas de aquellos de quienes recibe satisfacción por su antiguo duelo. De ellos surgen nobles reyes, hombres rápidos por su fuerza, y los más grandes en sabiduría; y por el resto del tiempo son llamados héroes y sagrados por los hombres".
Un superhombre que Empédocles describe en sus Purificaciones:
"259 Empédocles, fr. 129, Porfirio, Vida de Pitágoras 30:
... Y entre ellos vivía
Un hombre de raro saber, poseedor de las mayores riquezas del espíritu
Y maestro en toda especie de ingeniosa destreza;
Pues siempre que ponía todos sus talentos en tensión, podía mirar
Con facilidad a todo lo existente, habiendo vivido
Diez y veinte vidas de hombres".
Un Superhombre ya en la "vía" (9) del ciclo de aquel primitivo "eterno retorno de lo mismo" de los misterios órficos que inspiraron lo místico y lo religioso en Empédocles.
Un Nietzsche / Zaratustra de quien, en su final, no es posible saber si concluye o comienza su misión: Ave Fénix o profeta Elias o el mismo Empédocles:
"Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas" (Z, IV, El signo).
En fin, Así habló Zaratustra es un poema épico-filosófico, pero también, es un poema enamorado y se podrán proponer, y hasta demostrar, infinidad de razones, motivos y pruebas, por los cuales Nietzsche escribiera Así habló Zaratustra como un poema enamorado y, sin embargo, al final de todo esfuerzo y pesquisa, sólo existirá una:
La única palabra posible del enamoramiento es la poesía.

NOTAS
(1) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100:
"El fragmento Empédocles
De este modo, poco a poco, va creciendo en él un nuevo y personal sistema de pensamiento y sistema del mundo que irá ampliando de modo constante a espaldas de su entorno más próximo: en Naumburg escondido tras la máscara de un Fritz jovial, alegre, amable y social; en Basilea oculto trás el profesor diligente.
Así fue como surgió, fechado el 22 de septiembre de 1870 en Naumburg, y de su problemática en torno a la tragedia, el bosquejo de un libro, "La tragedia y los librepensadores", que ya iba con mucho más allá del tema original: una historia del desarrollo de la tragedia griega. Y poco después nos topamos con otro proyecto de un drama, Empédocles, en el que de modo francamente inquietante se prefigura ya el camino del Nietzsche posterior y en el que aparecen símbolos fundamentales. Como más tarde con Zaratustra, también aquí toma una figura histórica -la del filósofo siciliano, médico prodigioso, poeta y fundador religioso del siglo quinto antes de Cristo, el legendario Empédocles- como máscara en la que él mismo aparece idealmente, sólo que en este caso permanece más cercano a la tradición, mientras que del legendario-histórico persa Zaratustra sólo queda el nombre y su función como fundador religioso. Conocía a Empédocles a través de Diógenes Laercio. De su concepción filosófica del mundo hubo de interesar a Nietzsche el proyecto de unir lo místico-pitagórico con la ciencia natural moderna. En la doctrina de Empédocles de la trasmigración de las almas está uno de los impulsos para lo doctrina de Nietzsche del eterno retorno de lo mismo como hipotética ética. Pero lo que toma muy especialmente son las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal Corina". Existe una Corina histórica; fue una poetisa beocia que vino de Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.
Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima. Algunas citas del borrador que apoyarían esta interpretación:

"Tercer acto: Teseo y Ariadna. El coro, Pausanias y Corina. Empédocles y Corina en el escenario. Vértigo de muerte en el pueblo ante el anuncio de la reencarnación. Se le venera como al dios Dionisios, mientras que él comienza sufrir de nuevo. (El actor Dionisios ridículamente enamorado de Corina)... Quinto acto... Dos ríos de lava de los que no pueden escapar (Empédocles y Corina). Empédocles se siente asesino, digno de un castigo infinito, espera el renacimiento de una muerte expiatoria. Esto lo arrastra hacia el Etna. Quiere salvar a Corina. Un animal se les acerca. Corina muere con él. "¿Huye Dionisios de Ariadna?".
  También el "Dios ha muerto" de Zaratustra se encuentra ya en este fragmento en la frase: "¡El gran Pan ha muerto", igual que otros muchos rasgos en general de la leyenda de Empédocles que entran a formar parte del Zaratustra. Al comienzo del fragmento Nietzsche expresa su propia problemática filosófica: "Empédocles que es empujado a través de todos los peldaños: religión, arte, ciencia, y que al superar el tercero se dirige contra sí mismo. Es empujado fuera de la religión por el reconocimiento de que es un engaño. Ahora, sagrado en la apariencia artística. Fuera de ella por el impulso del reconocimiento del dolor del mundo. Ahora considera como anatomista el dolor del mundo, se convierte en un tirano que usa de la religión y el arte, y se endurece cada vez más... El pueblo reunido en torno al cráter: Empédocles enloquece y antes de su desaparición anuncia la verdad de la reencarnación... Tras larga lucha reconoce la ilusión de la religión". Aunque con variaciones en la forma, se utilizan aquí las tres potencias de la Consideraciones sobre la historia universal de Jacob Burckhardt. Si en el caso de Burckhardt se trata de dos potencias estáticas, religión y estado, y una dinámica, la cultura, las que hacen las veces de fuerzas activas de la historia, en el de Nietzsche sólo se admite una estática, la religión, y se divide la cultura en dos elementos dinámicos, el arte constructor de mundo de apariencia y de fantasía , y la "ciencia", que disuelve y disgrega toda ilusión y todo producto figurativo. El estado desaparece totalmente como auténtica fuerza creadora de historia; es expresión, resultado, pero no potencia".
(2) Giordano Bruno, Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987, pp. 56-57:
"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada".
(...)
"TANSILLO: Así es. He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Los Heroicos Furores, I, 4).
(3) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(4) Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Presencia de Bruno y Spinoza en el enamoramiento de Nietzsche:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
------------ Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: Crónica del enamoramiento de Nietzsche por Lou Andreas Salomé y Así habló Zaratustra:
http://lectorludi.blogspot.com
------------ Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Nietzsche enamorado:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
(5) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 163.
(6) Iván Rodrigo García Palacios, "Zaratustra, mi hijo". Así nació Zaratustra en los tiempos del amor, en blog:
http://nietzsche-louandreas.blogspot.com/
----------- Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: Nietzsche enamorado:
http://lectorludi.blogspot.com
----------- Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Nietzsche enamorado:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
(7) G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1994, pp. 419-420.
(8) Parménides, Poema del Ser, Fragmento 1 D-K (Sexto Empírico: Adv. Math. VII 111 ss. (cod. N del s. XIII, codd. LE del XV).
Proemio:
"1. Las yeguas que me arrastran, tan lejos como el ánimo anhela
2. me llevaron. Y una vez que en el renombrado camino
3. de la Diosa me hubieron puesto, que lleva por toda la ciudad al hombre que sabe,
4. por allí me condujeron. Por allí me llevaban los hábiles corceles
5. tirando del carro; las doncellas indicaban el camino.
6. En los cubos del eje con estridente sonido rechinaban
7. ardiendo (acelerado por dos vertiginosas
8. ruedas, de ambos lados) cuando se apresuraban a escoltar
9. las doncellas Helíadas, abandonadas ya las moradas de la noche
10. hacia la luz, habiendo con sus manos los velos de la cabeza retirado.
11. Allí [están] las puertas de los senderos de la noche y del día
12. y en torno a ellas, dintel y umbral de piedra,
13. y ellas mismas, etéreas, cerradas por inmensas batientes hojas
14. de las que Dike, la de los múltiples castigos, las llaves guarda de doble uso.
15. Le hablaron las doncellas con blandas palabras
16. y sabiamente persuadieron a que el enclavijado cerrojo
17. prontamente de las puertas les quitase. Y éstas de la entrada
18. el inmenso abismo produjeron al abrirse. Los broncíneos
19. postes en sus goznes uno tras otro giraron
20. clavados de goznes y flejes. Y a través de las puertas,
21. derecho por el camino, carro y caballos las doncellas condujeron.
22. Y la diosa benevolente me recibió; con su mano
23. mi mano derecha cogiendo, con estas palabras a mi se dirigió:
24. Mancebo, de auriga inmortales compañero compañero,
25. que con sus caballos que te traen, a nuestra morada llegas,
26. ¡salud!, que no una mala moira te envió a seguir
27. este camino (pues fuera del sendero de los humanos está),
28. sino Themis y Dike. Y así tendrás todo que averiguar,
29. tanto de la bien redonda verdad el corazón imperturbable
30. como de los mortales los pareceres en los que verdadera fidelidad no hay,
31. y aprenderás también esto: cómo lo múltiple pareciente
32. tenía que hacerse aceptable, penetrándolo todo por todas partes".
(9) Werner Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 1997, pp. 102-103.

Medellín, 21 de mayo de 2010

martes, 20 de abril de 2010

Enamoramiento, filósofos, poetas y Zaratustra enamorado

Iván Rodrigo García Palacios

Enamoramiento, filósofos, poetas
y Zaratustra enamorado


Ponencia presentada en el II Congreso Internacional de Filosofía: Amor, Cuerpo y Deseo. Fundación Universitaria Luis Amigó. Medellín, Colombia, 23 de abril de 2010.

"(...) serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado".
(Francisco de Quevedo y Villegas, Amor constante más allá de la muerte).

"Cuando el pensamiento yace sepultado en cavernas, mostrará el enamoramiento su raíz desde el más profundo de los infiernos".
("When Thought is clos's in Caves Then love shall shew its toot in deepest Hell").
William Blake, The Four Zoas.

Porque sólo soy un Lector Ludi (1), las lecturas que les voy a proponer son una provocación a explorar "más allá" sobre el enamoramiento y sus consecuencias y a ocuparse de ello del mismo modo que lo hacía Nietzsche:
"No sé otra forma de ocuparme de las grandes tareas que el juego" (Ecce homo, Por qué soy tan inteligente, 10).
Cuenta la leyenda que Aristóteles, ilustre predecesor de la filosofía occidental, víctima de "los furores" perversos del enamoramiento y para dar una lección a su alumno Alejandro, se sometió y fue cabalgado, desnudo y en cuatro patas, por la hetaira ateniense Herpyllis, desnuda y látigo en mano.
Así sólo se sea una leyenda, algo de verdad persiste en ella.
Muchos siglos después, la xilografía de Hans Baldung Grien, La Belleza hostiga con su fusta a la sabiduría, o una de las tantas representaciones de ese motivo realizadas por artistas de la Alta Edad Media y la modernidad temprana (2), recuerdan ese bochornoso suceso:


Suceso que por extravagante y extraño amerita una explicación como la que escribió Peter Sloterdijk en su Critica de la razón cínica:
"El sentido quínico de la historia significa: la belleza hace vibrar su fusta sobre la sabiduría, el cuerpo vence a la razón; la pasión hace dócil al espíritu, la mujer desnuda triunfa sobre el intelecto masculino; la razón no tiene nada que oponer a la fuerza de convicción que poseen los pechos y caderas. Por supuesto que aquí están presentes los clichés femeninos de moda, pero el punto clave no está, sin embargo, en ellos, sino en el hecho de que describen una oportunidad del "poder" femenino. En el cuadro de Baldung Grien, el momento reflexivo del filósofo ha pasado a la hetaira. Efectivamente, también ella es "sólo una puta" y, sin embargo, en absoluto es una "pena que sea una puta". Ésta echa mano de una posibilidad de soberanía propia. Puede ser que quien cabalga sobre Aristóteles sea una mujer peligrosa, pero lo que es cierto es que quedará por encima del desprecio. El que una Herpyllis pretenda cabalgar sobre el inteligente hombre puede servir a éste, por un lado, de aviso, pero, al mismo tiempo, también le permitirá la experiencia de saber a dónde lleva esto. Ella, con su cabeza reflexivamente inclinada hacia un lado, ve venir lo que él ahí abajo parece temer todavía: ella tiene más claro que todo esto es sólo el comienzo y que Aristóteles, a la larga, no va a seguir siendo tan tonto. Cierto que para él la cosa empieza a cuatro patas, pero si él es tan inteligente como se dice, terminará a la espalda" (3).
Pero la historia de esa leyenda no concluye ahí para los filósofos enamorados.
En Lucerna, a mediados de mayo de 1882, Friedrich Nietzsche se inspira en ella para coreografiar y plasmar, en la célebre fotografía de Jules Bonet, "los furores" de su enamoramiento por la joven y bella rusa, Lou Andreas Salomé:


Por asombroso que pueda parecer, la interpretación que hace Peter Sloterdijk de la xilografía de Hans Baldung Grien, se puede aplicar, palabra más palabra menos, a la fotografía coreografiada por Nietzsche para él, Lou y Paul Rée.
El enamoramiento de Nietzsche es un caso excepcional por su conexión con Así habló Zaratustra y porque en ese poema, también, es posible explorar y descubrir los misterios del enamoramiento.
Sobre el tema del enamoramiento de Nietzsche por Lou hablaré más adelante (4). Antes voy a contar algunas historias de los enamoramientos de otros filósofos y otros poetas.
Los enamoramientos de Aristóteles y Nietzsche no son ni los primeros ni los únicos ni los últimos; las historias de filósofos y poetas preñados por "los furores" del enamoramiento, tienen "mucha tela por contar".
Para empezar, hay que decir que el enamoramiento es un imperativo natural, un mecanismo evolutivo para el Homo-Humano, necesario, temporal, repetitivo e incontrolable, mediante el cual el cuerpo y la mente se trasforman.
Pero también, el enamoramiento, para la imaginación, es un ideal, un anhelo de unidad y perfección, el "conatus" spinoziano.
Porque el enamoramiento, como fenómeno neurobiológico, es instinto, apetito, emoción, deseo, sentimiento, anhelo, y como evento existencial, biográfico y cultural, se corresponde como un asunto sagrado, erótico, heroico, trágico y cómico:
Sagrado, porque es una experiencia de lo divino.
Erótico, porque es la fuerza caótica que forma y transforma el cuerpo y la mente de los amantes.
Heroico, porque hace que los enamorados desplieguen la totalidad de unas energías, fuerzas y poderes de las que no se sabían poseedores.
Trágico, porque su fin es ineludible e ineluctable.
Cómico, porque el pícaro Eros siempre se sale con la suya (5).
En el ámbito de esas concepciones del enamoramiento de la carne y del espíritu, en ese estro amoroso y creativo, es donde se producen las reacciones y manifestaciones que los poetas y los filósofos expresan en sus obras. Estéticas las de los poetas y herméticas las de los filósofos.
Ello se explica porque, en los estados extremos: éxtasis y agonías del enamoramiento, cada persona, acorde con su naturaleza y con la visión de sí mismo, reacciona y se expresa de manera extrema, una especie de terapia para recuperar la armonía emocional y corporal (6). La escritura es remedio para filósofos y poetas.
La necesidad de concebir y realizar una obra es, en sí misma, un estado de enamoramiento. Tal, un caso excepcional: Arquímedes y su “¡Heureka! ¡Heureka!”. Arquímedes, enamorado, enajenado y en el perpetuo éxtasis de su ciencia, del que cuenta Plutarco:
"A menudo los criados de Arquímedes le llevaban a los baños contra su voluntad, para lavarle y ungirle, y aun estando allí, siempre estaba dibujando figuras geométricas, incluso en las mismas cenizas de la chimenea. Y mientras lo estaban ungiendo con aceites y dulces perfumes, con sus dedos dibujaba líneas sobre su cuerpo desnudo, hasta tal punto estaba fuera de sí, y llevado de un éxtasis o trance, con el deleite que tenía en el estudio de la geometría".
Son bien conocidos los casos de filósofos y poetas que han realizado grandes obras y poemas motivados por el enamoramiento o en la postrer agonía de los fracasos amorosos que los sumieron en agudas crisis existenciales.
Más conocidos y documentados unos casos que otros, las historias de la filosofía y de literatura ilustran de manera evidente esa conexión sublime y trágica del enamoramiento con la vida y la obra de sus autores.
De manera breve, presento algunos para ilustración y estímulo que provoque una Lectura Lúdica.
Para comenzar por algún lugar en el tiempo: de la Grecia antigua son conocidos los casos, entre muchos, el del enamoramiento no correspondido de Safo por Faonte, inspiración de doloridos versos o el de Sócrates por Alcibíades, motivo de serias reflexiones sobre el amor, la amistad y el desvelo por sí mismo.
De allí a Roma, también entre muchos, la locura de Lucrecio, debida, se cuenta, a una pócima amorosa de Lucilia, o el fantasmagórico enamoramiento de Virgilio por su mujer Plocia, el que bien recrea Hermann Broch en La muerte de Virgilio.
De Roma hasta los inicios del Renacimiento y a esa hermética sublimación del enamoramiento en la Amada y en la Sabiduría.
Petrarca y su trasformación ante la belleza de Laura.
El enamoramiento sublimado y nunca consumado de Dante por Beatriz. El enamoramiento de Dante es provocado por la imagen de una bella niña a cuya adoración y exaltación dedicará el resto de su existencia y obra, pero, como luego explicará en su Incipit vita nova (Comienza la vida nueva), y con mayor amplitud en El convivio, en esa imagen también se encarnará la idea de la Sabiduría.
Después de Dante, será Giordano Bruno quien inspirará la idea y el tono de lo que será el poder trasformador del enamoramiento y el estro amoroso y creativo. Idea de antigua tradición convertida en "furor":
"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada" (Giordano Bruno, Los Heroicos Furores, I, 4).
Luego, en la España inquisitorial del 1500-1600, el enamoramiento es ideal místico y su poder transformador será, o locura de poetas: Tirso de Molina, Quevedo, Lope de Vega, o visión mística: Fray Luis de León, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz:
"¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el amado transformada!"
(San Juan de la Cruz, La noche oscura).
Ya en los inicios de la Ilustración y en contra de tan luminoso racionalismo, el enamoramiento hará de las suyas, tal es el caso de la trasformación del filósofo del Sentir, Jean-Jacques Rousseau, como lo muestra Ernst Cassirer:
“Rousseau ha descrito en las Confesiones cómo su enamoramiento por la Señora d'Houdedot hizo que el filósofo, el crítico social, el apóstol de la libertad se transformara de nuevo en el “pastor extravagante”: “El grave ciudadano de Ginebra -exclama dolorosamente- volvió a ser de repente el pastor extravagante” (7).
Será Goethe, perpetuo enamorado de la poesía, la filosofía, las ciencias y de tantas mujeres, quien mejor comprenda que los "furores" del enamoramiento enajenan la carne y el espíritu del enamorado con sus tinieblas y luces, agonías y éxtasis, locura y sabiduría.
El joven Goethe, en el primer Fausto, es quien mejor describe el previo desasosiego del enamoramiento:
"¿Y aún te preguntas por qué tu corazón se para, temeroso, en el pecho? ¿Por qué un dolor inexplicable inhibe tus impulsos vitales? En lugar de la naturaleza viva, en medio de la que Dios puso al hombre, lo que te rodea son osamentas de animales y esqueletos humanos humeantes y mohosos" (Johann W. Goethe, Fausto, I, Noche).
Para, de inmediato y ante la visión cósmica, ser poseído por la radiante felicidad:
"(Abre el libro y observa el signo del Macrocosmos).
¡Ah!, qué deleite corre de súbito, al mirarlo, por todos mis sentidos. Siento cómo la joven y santa felicidad vital me fluye por músculos y venas con renovado ardor. ¿Fue acaso un Dios el que escribió estos signos que calman el furor de mi interior, llenan mi pobre corazón de gozo y, con un impulso secreto, me desvelan las fuerzas naturales? ¿Soy acaso, un dios? Todo se llena de claridad. En estos trazos puros se evidencia ante mi espíritu la activa naturaleza. Ahora sí que entiendo lo que dice el sabio: «No está cerrado el mundo espiritual; son tus sentidos los que están cerrados, es tu corazón el que está muerto; discípulo, levanta, y baña infatigablemente tu pecho terrenal en la aurora» (Johann W. Goethe, Fausto, I, Noche).
Será el viejo Goethe, al final de su vida y de la segunda parte de Fausto, quien comprenda la naturaleza del enamoramiento y su misterioso propósito. El viejo Fausto entona su postrer canto:
"Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo inalcanzable
Se torna evento.
Lo indescriptible
Se cumple.
Lo eterno-femenino
Nos atrae a las alturas.
(Johann W. Goethe, Fausto, II, Barrancos).
Contra el racionalismo y de retorno a las tinieblas del espíritu, en los inicios del Romanticismo y no propiamente un romántico él, Friedrich Hölderlin y su enamoramiento por Susette Gontard, su Diótima, es causa de la transformación de su poesía, según lo escribió Hans-Georg Gadamer:
"Para Hölderlin, el encuentro de lo superior tuvo lugar en la separación de Diótima, en la despedida que vino a destruir una felicidad real. Fue la experiencia de lo divino, que aparece precisamente en su privación, lo que otorgó a la poesía de Hölderlin su nuevo tono, ante el cual nuestro siglo reaccionó como ante algo totalmente nuevo. Es importante que haya sido la experiencia de una pérdida lo que revelara al poeta el ser divino. A partir de la "divinidad" del amor, que Hölderlin experimentó, su tono poético registró una transformación radical" (8).
Luego, ya sí el romántico de los románticos, Novalis, Friedrich von Hardenberg, enamorado:
"A finales de este año, 1794, Novalis se encuentra con Sophie von Kühn. Queda subyugado. Será el gran amor de su vida. Lo que ahora sucede es un Romanticismo como forma de vida, algo que en el fondo sólo está en los libros" (9).
Sophie von Kühn es por y a quien Novalis escribe su novela Enrique de Ofterdingen, sus Himnos a la noche y su anhelo de ver la Flor Azul.
Del enamoramiento expresado como poesía al enamoramiento como asunto en la reflexión filosófica:
Soren Kierkegard, tras la crisis amorosa con Regina Olsen, escribió sus obras más inquietantes y herméticamente autobiográficas: Temor y temblor, La repetición, Tres discursos edificantes, Diario de un seductor y ¿Culpable? ¿No culpable?, publicadas en 1843. Sobre esta crisis escribió en su Diario de 1849:
"Si quisiera saberse cómo -aparte de la relación con Dios- he sido impulsado a ser el escritor que soy, respondería: ello ha dependido de un anciano, que es el hombre a quien más debo -y de una joven, con la que he contraído la más grande deuda- y también de lo que por inclinación debe haberme sido dado como una posibilidad, a saber, unidad de vejez y de juventud, del rigor del invierno y de la dulzura de la primavera; el uno me educó con su noble saber, la otra con su agradable superficialidad".
Si algún caso es asombroso, ese es el del enamoramiento que se expresa en una gran obra filosófica: Martín Heidegger y Hannah Arendt.
Heidegger escribió Ser y tiempo en los días de su enamoramiento por Hannah Arendt, "la pasión de su vida", a la que reconoció el haber sido la musa que le hizo posible escribir la obra, como lo anota Rüdiger Safranski:
"Para Heidegger se abrió en Marburgo una sorprendente oportunidad, lo que los teólogos de allí llamaban "Kairos", la gran oportunidad de un tipo especial de "propiedad". Tuvo allí un encuentro del que, según confesará más tarde su mujer Elfride, surgió "la pasión de su vida".
A principios de 1924 había llegado a Marburgo una estudiante judía de dieciocho años, deseosa de estudiar con Bultmann y Heidegger. Era Hannah Arendt.
(...)
"(Heidegger) En las cartas (a Hannah Arendt) insiste una y otra vez en que nadie lo comprende como ella, también y precisamente en asuntos filosóficos. Y de hecho Hannah Arendt demostrará todavía lo bien que ha entendido a Heidegger. Lo entenderá mejor de lo que él se ha entendido a sí mismo. Como acostumbra suceder entre los amantes, ella responderá complementariamente a su filosofía, y le dará aquella mundanidad que todavía le falta. Al "precursar la muerte" responderá con una filosofía de la natividad; al solipsismo existencial de "mi singularidad" (Jemeingkeit) responderá con una filosofía de la pluralidad; a la crítica de la "caída" en el mundo del "uno" replicará con el "amor mundi". Al "claro" (Lishtung) de Heidegger responderá ennobleciendo filosóficamente la "esfera pública". Sólo así surgirá de la filosofía de Heidegger un todo completo; pero este hombre no lo notará. Él no leerá los libros de Hannah Arendt, o lo hará muy de pasada, y lo que lee allí le ofende.
Heidegger ama a Hannah y la amará por mucho tiempo; la toma en serio, como mujer que lo comprende, y ella se convertirá en su musa de Ser y tiempo; él le confesará que sin ella no habría podido escribir la obra. Pero en ningún momento se persuadirá de que puede aprender de ella" (10).
Hannah escribió para ser amada.
Y, para cerrar la lista, señalo: Eros actúa en la oscuridad; no hace distinción de género.
Thomas Mann, a quien sus enamoramientos por muchachos le provocaron la necesidad de escribir algunas de las más emocionales y herméticas páginas de sus obras y de la historia de la literatura y del enamoramiento homosexual.
Tal el caso del enamoramiento de Thomas Mann por Armin Martens, según lo crítica Marcel Reich-Ranicki:
"Armin Martens (el modelo de Hans Hansen en Tonio Kröger), de quien se dice que no había tenido otra misión que la de inspirar un sentimiento destinado a convertirse en un poema perdurable. ¿Ninguna otra misión? Me pregunto si se trata sólo de una observación fría y egoísta o quizás incluso cruel" (11).
Y, ¿qué decir, entonces, de Muerte en Venecia, La montaña mágica, José y sus hermanos?
En fin, la lista de filósofos y poetas trasformados por el enamoramiento, como un río heraclitiano, continúa fluyendo, viejas y nuevas aguas, siempre otras, siempre las mismas.


Zaratustra enamorado

Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, por Grau Santos


Ahora voy a contar algo de la historia del enamoramiento de Friedrich Nietzsche por Lou Andreas Salomé y sus conexiones con Así habló Zaratustra.
Así habló Zaratustra es un poema enamorado, "una confesión" (12), nunca un duelo. Una lectura apasionada descubrirá los enigmas del enamoramiento que Nietzsche explora en sí mismo e iluminará, para todos, ese misterio de ser y estar enamorados (13).
Eso fue lo que encontré en un juego de lecturas lúdicas, abductivas (14), por medio de las cuales quería averiguar las consecuencias y efectos que, el enamoramiento de Nietzsche por Lou, en el verano de 1882, pudo significar para su vida y su obra, máxime tratándose de un hombre que siempre se supo y se manifestó: "humano, demasiado humano" y sabiendo que fue a ella, la única, a quien quiso regalar y con quien compartió y discutió su pensamiento del "eterno retorno" y su "filosofía del futuro":
"Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien".
"[...]
Estuve inclinado a considerarla como la visión y aparición de un ideal sobre la tierra. ¿Lo notó? veo muy mal" (15).
En esas averiguaciones descubrí una serie de datos, sucesos y elementos de las vidas y de los escritos de Nietzsche y Lou que se conectaban, se correspondían y se relacionaban, para converger, trasponerse y culminar, de forma primordial, proteica y necesaria, en la escritura de Así habló Zaratustra (16), así como de Ecce homo y otras de sus obras.
Esto me llevó a concluir que, de no haber sido por ese enamoramiento, toda esta historia sí hubiera resultado ser un chisme, frívolo, pueril e irrelevante en la vida y para la obra de Nietzsche.
O que pudo haber sucedido cualquier otra cosa, como lo sugiere su biógrafo Curt Paul Janz:
"Un éxito en la relación amorosa con Lou hubiera significado para Nietzsche la última oportunidad para volver a encontrar el camino hacia las personas; como le fue negado, ello lo volvió a encerrar definitivamente ya en su desesperanzada y amarga soledad" (17).
O no haber sido, si se lo interpreta con una mujer filósofa: María Zambrano. Ella que creía en el poder "aquietador" del amor doméstico y en que la mujer es "estrella fija", "creadora de orden", para la vida del hombre, en contraposición al "furor" profético del enamoramiento:
"(...) Nietzsche destruyó su vida al no haber podido alcanzar forma: Dionisios perdido en el mundo occidental que no supo, como la antigua Grecia, desnudarle, poner de manifiesto su figura.
Esto aclara el gesto oscuro del destino, poniendo frente a Nietzsche, en sus treinta y ocho años de varón que ya no puede seguir esperando, una mujer. Una mujer, única fuerza capaz de encantar su espíritu y encerrarlo en los límites de la forma. Nietzsche, ímpetu sin fin de vida, necesitaba de la gracia luminosa que detuviera su desesperada carrera, que encantara su ambición demoníaca, que hiciera al fin descansar al judío errante. Mas, es entonces ella, Lou Andreas Salomé, la que no puede detenerse. ¡Tremendo destino es para una mujer no poder detenerse, no aceptar a elevar su feminidad a norma luminosa, aquietadora y alentadora de la vida de un hombre!
Pero entonces, al no poder detenerse, debió alejarse. Quizás sólo el amor lejano, no gozado, inasequible, sea el único que sabe.
(...)
(Lou) Pasó tangente a la vida de Nietzsche, como estrella errante en la noche de aquel agosto, preludio de un otoño inexorable, la que pudo ser, con sólo lejanía, la estrella fija de su vivir. Si es algo la mujer en la vida de un hombre como Nietzsche -quizás, de todo hombre- es creadora de orden. Ordenar graciosamente la barbarie de los instintos, la selva del sentimiento, la contradicción de los anhelos, fue la misión que declinó Lou Andreas Salomé frente al Dionisios germánico. Sin generosidad para penetrar en el círculo de su vida, y sin vocación para colocarse de un salto arriba, alta, quieta, lejana" (18).
Por ello y por trágica fortuna, es necesario agradecer al dios del enamoramiento, porque de lo contrario ni Zaratustra ni lo que le siguió, hubieran existido tal y como son.
Así habló Zaratustra es esa obra "a imagen y semejanza" de lo que era Nietzsche al momento de su enamoramiento: un hombre, un "ser en verdad mejor que los hombres ordinarios", según la definición de Giordano Bruno para el "furioso heroico" (19).
Los enamoramientos y renacimientos de Nietzsche son una y la misma cosa: supremos, cósmicos y cataclísmicos y, su enamoramiento por Lou, fue la aurora que anuncia a Zaratustra.
Quien de verdad haya leído Así habló Zaratustra, debió sentir que en ese poema, junto con los asuntos filosóficos, también subsiste un trágico lamento enamorado que brota en el canto de las fuentes romanas y el que no soy el único en conectar con el enamoramiento de Nietzsche por Lou:
"Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.
Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante" (Así habló Zaratustra, II, La canción de la noche).
Lo que después, al explicar Así habló Zaratustra en Ecce Homo, es ya un enigma:
"Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca: así sufre un dios, un Dionisios. La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna... ¡Quién sabe, excepto yo, qué es Ariadna! De todos estos enigmas nadie tuvo hasta ahora la solución, dudo que alguien viera siquiera aquí nunca enigmas. - Zaratustra define en una ocasión su tarea –es también la mía con tal rigor que no podemos equivocarnos sobre el sentido: dice sí hasta llegar a la justificación, hasta llegar incluso a la redención de todo lo pasado" (Ecce Homo, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, 7-8.).
Nietzsche intuyó con clarividencia y certidumbre que el enamoramiento era un proceso natural de transformación, de resurrección: "la redención de todo lo pasado". Eso es lo que con hermetismo desvela en Así habló Zaratustra.
El enamoramiento a Nietzsche se le reveló al contemplar a Lou, tal y como se revela todo enamoramiento, en una hierofanía (20), en un destello cósmico:
"¿De qué estrellas venimos y hemos caído para encontrarnos aquí?" (Lou Andreas Salomé, Mirada retrospectiva, D. pp.76-77).
Destello del que nace el solar y luminoso Zaratustra del aforismo 342 de la Gaya ciencia y el que, como todo evento cósmico, es momento de destrucción y construcción. Así dice Zaratustra:
"¡Bendíceme, pues, ojo impasible, capaz de contemplar sin envidia incluso una felicidad excesiva! ¡Bendice esta copa ansiosa de desbordarse y de derramar su dorada agua para que lleve por doquier el reflejo de tus delicias! ¡Mira esta copa que anhela volver a vaciarse; mira a Zaratustra, que quiere volver a ser hombre!". (Gaya ciencia, aforismo 342).
De ese instante en adelante, el enamoramiento de Nietzsche debe explorarse y descubrirse en sus palabras herméticas, esas con las que se cuenta, se conecta y se ahonda en lo oculto de una historia contada, pero no desvelada. Su "confesión".
Nietzsche emplea, entre otras, la expresión blando césped y su trasposición como verde prado, para referirse a los ambiguos y herméticos aspectos de su enamoramiento. Siguiendo las claves, será ese verde prado el escenario sagrado en el que el héroe agonizará lo erótico, lo heroico, lo trágico y lo cómico, de su enamoramiento.
Esa expresión es utilizada en los discursos de Así habló Zaratustra: De las cátedras de la virtud, I; La canción del baile, II; De los apóstatas, III; y La otra canción del baile, III. Que citaré a continuación con la respectiva conexión a cada uno de los aspectos que ya atribuí al enamoramiento.
En el desasosiego, previo al estallido del enamoramiento, el futuro enamorado busca un verde prado:
"Un atardecer caminaba Zaratustra con sus discípulos por el bosque; y estando buscando una fuente he aquí que llegó a un verde prado a quien árboles y malezas silenciosamente rodeaban: en él bailaban, unas con otras, unas muchachas" (Z, II, La canción del baile).
La primera vez y ya en la plenitud de su enamoramiento por Lou, ese verde prado es erótico en el último aforismo de la Gaya ciencia:
"¿No estamos en medio de una esplendorosa mañana y sobre un verde prado y tierno que invita a bailar sobre él? ¿Hubo alguna vez un momento más favorable para estar alegres? ¿Quién nos cantará una canción tan soleada, liviana y delicada que no espante a las cigarras, sino que las invite a cantar y a bailar con nosotros?" (Gaya ciencia, aforismo 383).
Ya, en De las cátedras de la virtud, traspuesto en sagrado, ese verde prado se corresponde con el islote de San Giulio y Monte Sacro (21) -o, ¿"montaña de Venus"?-. Aquel primer paseo a solas en el que Lou no recuerda si se besaron. Es indudable que si se besaron. Esa es la conexión romántica. Ese beso debió tener el "poder mágico" de los besos de los habitantes de "la montaña de Venus" que enajenan a quienes ellos besan, tal lo ocurrido a Nietzsche (22).
Verde prado sagrado que también se conecta y corresponde con aquellos "crepúsculos" de los días sagrados, heroicos y felices del "idilio de Tautenburg" y de El libro del nido de Stibbe (23):
"Para mí el mejor pastor será siempre aquel que lleva sus ovejas al prado más verde esto se aviene con el buen dormir" (Z, I, De las cátedras de la virtud).
Luego, de verde prado sagrado, se traspone en trágico:
"Ay, ¿ya está marchito y gris todo lo que hace un momento estaba aún verde y multicolor en este prado? ¡Y cuánta miel de esperanza he extraído yo de ahí para llevarla a mis colmenas!" (Z, III, De los apóstatas, 1).
Es trágico porque ese es el verde prado de mieles y colmenas que va a corresponderse con la pradera intacta, el prado virgen y la abeja primaveral del trágico enamoramiento de Fedra por Hipólito:
"HIPÓLITO: - A ti, oh diosa, te traigo, después de haberla adornado, esta corona trenzada con flores de una pradera intacta, en la cual ni el pastor tiene por digno apacentar sus rebaños, ni nunca penetró el hierro; sólo la abeja primaveral recorre este prado virgen. La diosa del Pudor lo cultiva con rocío de los ríos" (Eurípides , Hipólito, v. 75 y 76) (24) .
Hipólito, hijastro de Fedra, enajenado de Artemisa, es extraño a los asuntos de Amor y Eros. Fedra, enamorada y rechazada, lo acusa de intentar violarla. Hipólito es castigado con la muerte y Fedra, arrepentida y para recuperar el honor real, se quita la vida.
Y del motivo trágico, al motivo cómico y erótico, el cuerpo y la sexualidad domesticados: la llanura y el verde prado y el poleo de la beocia en Lisístrata de Aristófanes (v. 87 y 88):
"LISÍSTRATA. Sí, por Zeus, muy de Beocia: ¡menuda llanura tiene!
CLEONICE. Sí, por Zeus, y se ha depilado muy elegantemente el poleo".
Beocia se conocía como una llanura de gran fertilidad. Se utiliza aquí edíon con un doble significado de «llanura» y del «sexo de la mujer». Y, también, el "prado"(tò pedíon) es la parte externa del sexo femenino.
El poleo, entendido como mala hierba en la llanura, alude al vello púbico de la beocia. El "poleo" (blēchō) también alude al monte de Venus; la depilación del pubis era común entre las atenienses de la época.
En escena, dioses, Eros, héroe, tragedia y comedia. Nietzsche dijo, con frase de Lou que en aquella comunidad que integrarían, junto con Paul Rée, ellos estarían:
"Más allá del bien y del mal hemos encontrado nuestro islote y nuestro verde prado - ¡nosotros dos solos! ¡Ya por ello tenemos que ser buenos el uno para el otro!" (Z, III, p. 316).
En ese verde prado se presiente, además de la desnuda beocia de Aristófanes en Lisístrata, a aquella otra beocia: Corina, la poeta (25):
"Y nos miramos uno a otro y contemplamos el verde prado, sobre el cual empezaba a correr el fresco atardecer, y lloramos juntos. - Entonces, sin embargo, me fue la vida más querida que lo que nunca me lo ha sido toda mi sabiduría" (Z, III, p. 317).
Así como he conectado ese verde prado con el trágico Hipólito de Eurípides y así como otros estudiosos lo han referido a muchas otras fuentes, sagradas y profanas, me parece necesaria esta conexión erótico-cómica con Lisístrata de Aristófanes, porque, en algunos de los ambiguos contextos en los cuales Nietzsche emplea la expresión verde prado, estas se prestan para ser entendidas como las específicas referencias sexualizadas y de domesticidad sexual que, igual que Aristófanes, Nietzsche hace, unas veces con emoción erótica y otras con ironía burlesca y satírica, lo cual se corresponde, como anillo al dedo, con el contexto de los estados anímicos de gozo e ira que le provocan el enamoramiento y el posterior rompimiento con Lou.
Y, por supuesto, como cualquier enamorado rechazado, Nietzsche, irónicamente, desahoga su despecho con el misógino Eurípides en Aristófanes:
"EL CORIFEO. No hay poeta más sabio que Eurípides, pues ninguna criatura es tan desvergonzada como las mujeres" (Lisístrata, v. 369).
Que Zaratustra asume:
«¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!» (Z., I, De viejecillas y de jovencillas) .
Años después, en la desazón y el olvido: lo trágico y lo cómico del enamoramiento, Nietzsche satirizará con ironía, en Más allá del bien y el mal, a aquellos que buscan en aquel verde prado el poder "aquietador" y el orden del amor doméstico que receta María Zambrano:
Aforismo 44
"A lo que ellos (los filósofos nuevos) querrían aspirar con todas sus fuerzas es a la universal y verde felicidad-prado del rebaño, llena de seguridad, libre de peligro, repleta de bienestar y de facilidad de vivir para todo el mundo" (Más allá del bien y el mal).

Aforismo 206
"(...) el hombre científico tiene laboriosidad, paciencia para ocupar su sitio en la fila, regularidad y mesura en sus capacidades y necesidades, tiene el instinto para reconocer cuáles son sus iguales y qué es lo que sus iguales necesitan, por ejemplo aquella dosis de independencia y de prado verde sin la cual no hay tranquilidad en el trabajo" (Más allá del bien y el mal).
Es el mismo poder "aquietador", cuerpo y sexualidad domesticados, que Nietzsche ya se había prescrito en el aforismo 363 de la Gaya ciencia.
Porque, al igual que para Nietzsche, Aristóteles y todos los filósofos y poetas, el enamoramiento, la verdad y la mujer, continúan siendo un enigma:
"Suponiendo que la verdad sea una mujer -, ¿cómo?, ¿no está justificada la sospecha de que todos los filósofos, en la medida en que han sido dogmáticos, han entendido poco de mujeres?, ¿de que la estremecedora seriedad, la torpe insistencia con que hasta ahora han solido acercarse a la verdad eran medios inhábiles e ineptos para conquistar los favores precisamente de una hembra? Lo cierto es que la verdad no se ha dejado conquistar..." (Más allá del bien y el mal, Prólogo).
En fin, conocer del enamoramiento es gozo para el Lector Ludi que juega a revelar el indevelable misterio de sus verdes prados.
Ese jugar del que escribió Friedrich Schiller:
"Expresado con toda brevedad, el hombre sólo juega cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y sólo es enteramente hombre cuando juega" (26).
Porque, cuando "los furores" del enamoramiento encienden la carne, el espíritu es atraído a las alturas.
NOTAS

(1) Iván Rodrigo García Palacios, Sin la lectura... ¿Quién soy yo?:
http://alegrialectura.blogspot.com/
(2) Ver: marinni.livejournal.com/435140.html
El tema de Aristóteles sometido y cabalgado por la hetaira ateniense Herpyllis, fue motivo para un buen número de artistas de la Alta Edad Media y la temprana modernidad, entre ellos Hans Baldung Grien, Lucas van Leyden, Alberto Durero, Lucas Cranach El viejo (1472-1553), Jan de Beer (1450-1536), Hans Burgkmair El viejo (1519), Hans Holbein El joven (1522), Hans Brosamer (1520-1551), Wenzel von Olmütz (1485-1500).
También existe una versión de ese motivo realizada por Oskar Kokoschka en 1913 y titulada Aristóteles y Herpyllis.
(3) Peter Sloterdijk, Critica de la razón cínica, Siruela, 2003, ps. 380 a 382.
(4) Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: http://lectorludi.blogspot.com
Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un lector ludi: Nietzsche enamorado:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
---- Iván Rodrigo García Palacios, Zaratustra, mi hijo:
http://nietzsche-louandreas.blogspot.com/
(5) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(6) Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 34.
(7) Ernst Cassirer, Rouseau, Kant, Goethe. Filosofía y cultura en la Europa del Siglo de las Luces. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2007, p. 178.
(8) Hans-Georg Gadamer, Poema y diálogo. Ensayos sobre los poetas alemanes más significativos del siglo XX, Gedisa, Barcelona, 1993, p. 41.
(9) Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 104.
(10) Rüdiger Safranski, Un maestro de Alemania. Martín Heidegger y su tiempo, Tusquets, Barcelona, 1997, pp. 170 y 174.
Ver también:
-- Elzbieta Ettinger, Hannah Arendt y Martín Heidegger, Tusquets, Barcelona, 1996.
-- Alois Prinz, La filosofía como profesión o el amor al mundo. La vida de Hannah Arendt, Herder. Barcelona, 2001.
(11) Marcel Reich-Ranicki, Siete precursores. Escritores del siglo XX, Thomas Mann..., Galaxia Guttenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, p. 102.
(12) Los biógrafos han sido prolijos en sus informaciones sobre estos y otros enamoramientos de Nietzsche, aunque cautos al momento de atribuirles los profundos efectos que ellos tuvieron sobre su existencia, su pensamiento y su obra, contraviniendo la propia recomendación de Nietzsche al considerar la vida y la obra del filósofo.
Nietzsche así se lo escribió a Lou Andreas Salomé, en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882, meses antes de escribir Así habló Zaratustra:
"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (1).
Y volvió a reafirmarlo después de escribir Así habló Zaratustra, en Más allá del bien y el mal:
"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía: una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas" (Más allá del bien y el mal, Sección primera. De los prejuicios de los filósofos).
(13) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(14) Carlos Rincón, García Márquez, Hawthorne, Shakespeare, De la Vega & Co. Unltd., Serie La Granada Entreabierta, 86, Instituto Caro y Cuervo, Santa Fe de Bogotá, 1999, pp. 66-67.
(15) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 185-186.
Todas las citas a la correspondencia y notas de Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, han sido tomadas de: Friedrich Nietzsche, Lou Andreas-Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, y se identifican con (D y número de página) en el texto.
Algunas de las cartas de Nietzsche a Lou y Rée, fueron destruidas por ellos y las que Lou envió a Nietzsche, fueron destruidas por su hermana Elizabeth. Las únicas que se conservan son estas copias del archivo personal de Lou.
(16) La primera parte entre el 1 y el 10 de febrero de 1883. Otras dos partes del poema fueron escritas, la segunda, en Sils-María, entre el 26 de junio y el 6 de julio de 1883. Y, la tercera, entre el 8 y el 20 enero de 1884, en Niza.
Aun cuando las tres partes fueron publicadas por separado, se considera el año de 1884 como el de la conclusión y publicación. Una cuarta y última parte fue escrita en 1885, como primera parte de una nueva obra de tres partes, titulada Melodía y eternidad, cuyas otras dos partes nunca escribió.
Podría ser coincidencia que la escritura de la segunda y la tercera parte de Así habló Zaratustra se correspondiera con la campaña de venganza que contra Lou y Paul Rée desataron Nietzsche y su hermana. La escritura de la cuarta parte se corresponde con la lectura de Nietzsche al primer libro de Lou, la semi-novela, En la lucha por Dios, publicado en 1884.
(17) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 3. Los diez años del filósofo errante (Primavera de 1879 hasta diciembre de 1888), Alianza, Madrid, 1985, p. 120.
(18) María Zambrano, Hacia un saber sobre el alma, Alianza, Madrid, 1987, pp. 157-158.
(19) Giordano Bruno, Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987, pp. 56-57.
"TANSILLO: Se suponen, y de hecho existen, varias especies de furores, todas las cuales se reducen a dos géneros: los unos manifiestan únicamente ceguera, estupidez e ímpetu irracional, tendiendo a la insensatez ferina; consisten los otros en cierta divina abstracción por la cual algunos alcanzan a ser en verdad mejores que los hombres ordinarios. Y estos son a su vez de dos especies, pues ciertos individuos, al haberse convertido en habitáculo de dioses o espíritus divinos, dicen y obran cosas admirables de las que ni ellos mismos ni otros entienden la razón (...). Otros, por estar avezados o ser más capaces para la contemplación y por estar naturalmente dotados de un espíritu lúcido e intelectivo, a partir de un estímulo interno y del natural fervor suscitado por el amor a la divinidad, a la justicia, a la verdad, a la gloria, agudizan los sentidos por medio del fuego del deseo y el hálito de la intención y, con el aliento de la cogitativa facultad, encienden la luz racional, con la cual ven más allá de lo ordinario; y estos no vienen al fin a hablar y obrar como receptáculos e instrumentos, sino como principales artífices y eficientes".
(20) Mircea Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Fondo de Cultura Económica, México, 1986.
(21) La versión, más amplia y detallada de los eventos que rodean "El secreto de Monte Sacro", la ofrece el esposo de Lou, H. F. Peters, en la biografía titulada: Mi hermana, mi esposa, la vida de Lou Andreas-Salomé, Plaza & Janés, Barcelona, 1980, pp. 94, 95, 96.
(22) Aquí, indudablemente, se conectan y corresponden los mitos de los primitivos románticos: Ludwig Tieck, Tannhäuser y, con posterioridad, de Wagner, Tannhäuser, Nibelungos, como puede abducirse de lo que escribe Rüdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 94:
"El relato de Tieck sobre los atractivos de la montaña de Venus se convirtió en una cantera para posteriores elaboraciones, sobre todo la de Wagner. Pero ante todo, Tieck ha continuado un motivo presente en El rubio Eckbert, a saber, la experiencia de que hay secretos que es mejor dejar "perdidos en la noche". En Tannhäuser el secreto se refiere al embrujo peligroso cuando se unen el arte y el erotismo. Hay instantes extáticos a los que no se sobrevive porque después la vida cotidiana se hace ya insoportable. A este respecto Nietzsche usará la expresión "cumbres de arrobamiento". Tannhäuser, según la redacción de Tieck, intenta contar este asunto a su amigo Friedrich. Hace una pausa y besa al amigo. A la mañana siguiente su mujer está muerta y Tannhäuser ha desaparecido. Pero aquel beso ha dejado a Friedrich fuera de sí:
"Corrió a escapar con incomprensible prisa, para buscar la montaña mágica y a Tannhäuser, y desde entonces no lo volvieron a ver. La gente decía que quien recibe un beso de alguien de la montaña es presa de una atracción irresistible, que con poder mágico lo arrastra los abismos subterráneos".
(23) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro..., pp. 130 y 298.
(24) Eurípides, Hipólito, Gredos, Madird, 1991, v. 75 y 76, p. 328.
(25) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100:
"En el fragmento sobre Empédocles, Nietzsche, cita muy especialmente las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra sólo como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal "Corina". Existe una Corina histórica, fue una poetisa beocia que vino a Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.
Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima".
(26) Friedrich Schiller, Cartas sobre la educación estética del hombre, carta decimoquinta. Citado por Rüdiger Safranski, El Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 42.
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